ARTÍCULO DE JOAQUÍN LORIGA, PUBLICADO EN LA REVISTA “AÉREA”, AÑO 1926


Joaquin Loriga

Joaquin Loriga

Revisando la prensa histórica sobre Lalín y su comarca, me encontré con un artículo escrito por Joaquín Loriga, probablemente se trata del único que escribió, con el título “Dice el Capitán Loriga … DEL VIAJE AÉREO MADRID-MANILA”, publicado en la revista ilustrada de Madrid, AÉREA, nº 40, septiembre de 1926,  en él aclara y describe el viaje aéreo tal como lo vivió, su preparación, las etapas, los problemas, el recibimiento en las ciudades  en las que aterrizó, la magnífica labor de los mecánicos y lo importante que fue para la aviación española esta gran hazaña.

Así narra Joaquín Loriga, su viaje aéreo, una de las más grandes hazañas de la aviación española: “En demasía ha zarandeado la Prensa el vuelo a Filipinas. Y a pesar de ello no puedo, fuer de agradecido negar unas líneas sobre el manido tema al director de la simpática revista AÉREA, que no regatea desvelos ni perdona sacrificios para divulgar los trabajos de la Aviación española.1313432662_0 - copia

En un principio, al leer las relaciones de los aviadores extranjeros, que siguiendo la misma ruta, salieron a tragedia por etapa, ofrecíase a mis ojos la empresa erizada de dificultades casi invencibles. Sobrecigíame, principalmente, el temor de que nuestro fracaso pudiera ceder en merma del prestigio del glorioso servicio de Aviación. Con todo, jamás decayeron mis esperanzas de éxito. Cifrábalas en la solidez de materia; abrigaba la seguridad de llegar al término propuesto, si los motores resistían. Y hay que convenir en que las casas constructoras pusieran gran esmero y cariño en la preparación del aparato de Gallarza y en el mío. No ofrecía las mismas garantías el de Esteve montado a toda prisa. La orden de que el tercer aparato se incorporara a los otros dos fue dictada con sólo un mes de anterioridad y en momentos en que un gran trabajo abrumaba a los talleres de Cuatro Vientos, que no pudieron darlo terminado hasta cuatro días antes de la marcha. Imposible pensar entonces en nuevos aplazamientos de la fecha de salida por lo avanzado de la estación y por la inminencia de los tifones y demás perturbaciones atmosféricas que después de la primera decena de mayo se producen en el mar de China. Y tanta fue la premura, que el primer vuelo de prueba a carga plena, hubo de hacerlo Esteve en la etapa de Madrid a Argel.

 Admirablemente respondieron a nuestros cálculos los motores Larroine, solamente dio algo que trabajar a nuestros mecánicos el engrase supletorio que ha de hacerse después de cada vuelo en las válvulas y en los cojinetes de los balancines de árboles de levas. El aparato, por su parte, ofreció en todas las etapas la resistencia esperada; llegamos al final de nuestro vuelo con las mismas ruedas, con el mismo patín de estas, los mismos amortiguadores y, en fin, todos los accesorios que suelen cambiarse en viajes de esta categoría. Sobradamente queda demostrada la solidez de nuestros aviones en el mero hecho de que el aparato de Gallarza, reparado sobre el terreno y sin elementos suficientes, la avería sufrida en Macao, pudo continuar el vuelo en condiciones normales y en que el mío resistió, sin astillas, el empuje de trescientos chinos que lo arrastraron en violentos y brutales tirones, a través de barrancos y subiendo y bajando laderas, durante seis kilómetros por terreno inapropiado para el rodaje.

 1313432662_extras_ladillos_2_0En contra de esto nada arguyen los aterrizajes de Esteve en Túnez y entre El Cairo y Bagdad, y el mío en Tiempack. Sabido es que las averías del aparato de Esteve fueron motivadas por defectos de instalación. Y la del mío, como repetidas  veces he dicho, fue debida a un escape de agua. Desde El Cairo venía roto el piñón del dispositivo del mando del radiador sin que ello entorpeciera lo más mínimo el buen funcionamiento y la refrigeración del motor, puesto que el exceso de calor me obligaba a navegar siempre con el radiador bajo. En Hanói, en donde hubimos de permanecer dos días, esperando que cediera una inflamación de la cara sufrida por el mecánico de Gallarza a consecuencia de la insolación, en mal hora nos decidimos a instancias de los técnicos de la Aviación francesa, que no juzgaba de suficiente consistencia la reparación por nosotros hecha en el  aparato, a sujetar soldándola, la varilla de  dispositivo del mando. Y esto fue nuestra perdición, porque la soldadura se rompió al volar sobre la costa de China, abriendo un escape de agua que me obligó a tomar tierra en un pequeño arenal cerca de aquella.

En cuanto a las dificultades sufridas en ruta, poco tengo que decir. Soporté fácilmente las molestias del sol abrasador, sin duda por estar habituado a temperaturas altas, y puedo asegurar que mis únicos enemigos fueron las trombas de arena, los calores del desierto, que producen meneos de bastante consideración, principalmente entre Karachi y Agra y las nubes y nieblinas que durante todo el camino nos cerraban el paso, sobre todo al salir de Calcuta.

En la mayor parte de las etapas nos vimos precisados a navegar a la brújula exclusivamente. Y, aunque de modelo distinto la brújula de Gallarza y la mía, ambos logramos una orientación perfecta. Es de justicia también el consignar los buenos servicios prestados por las magnetos Stinchilla, que usamos por vez primera en la Aeronáutica española.

A España llegaron ecos, aunque bastante debilitados a causa de la distancia, de la acogida verdaderamente entusiasta que en todas partes encontramos.

Aquellos sinsabores, disgustos y malos ratos pasados en Madrid mientras estudiaba y preparaba el vuelo, en lucha con los elementos burocráticos y con los pobres de espíritu, sirven de contraste y están sobradamente compensados por las atenciones que nos prodigaron sin tasa, tanto en el viaje de ida como en el regreso, cuantos elementos extranjeros y españoles han tenido contacto con nosotros. Franceses, italianos, portugueses, ingleses, siameses y americanos, singularmente los aviadores de estos países, con los cuales hemos vivido horas de inolvidable y amenísima camaradería, rivalizaron en agasajos y obsequios. Jamás podrán borrarse de mí memoria los días que pasamos en Filipinas, en donde el amor a España de la colonia española y de todo el pueblo filipino se desbordó en aclamaciones, abrazos, poesías, bailes, festejos populares, recepciones, extraordinarios de Prensa, solemnidades religiosas, actos académicos y espléndidos regalos. En una palabra, a lo largo de la ruta, sólo encontramos simpatías y afectos, si exceptuamos la indiferencia y desatención de algún personaje en El Cairo, ya relevado del cargo que entonces ostentaba, el cual, indudablemente, contagió su frialdad a las autoridades inglesas de Egipto, menos expresivas que las que conocimos en etapas posteriores.

1313432662_extras_ladillos_3_0Tiem-Pack, fue mi mayor calvario. Para sacar de aquel arenal a mi aparato tropecé con muchas dificultades y sufrí no pocas contrariedades. Hallase aquel país en estado semianárquico y los chinos tan pronto convenían conmigo el precio de su trabajo, para el arrastre del avión, como, ávidos de mayor lucho, se negaban a ayudarme, faltando a su palabra y a sus compromisos. Más todo lo doy por bien empleado, ya que ello me ofreció ocasión de conocer aquellos pueblos tan extraños a nuestras costumbres, a nuestra cultura y a nuestra psicología. Lástima que no fuera posible amoldar a los planes del gobierno español el regreso por vía aérea, que reputábamos más glorioso para la Aviación y fácilmente realizable, dado el perfecto estado de nuestros aparatos. Con gusto expondría ahora mis impresiones sobre las aviaciones coloniales y sobre la de Siam, que hemos visto. Es tema interesante del que me ocuparé con la debida extensión otro día. Baste por hoy con adelantar que nada tiene que envidiar nuestra Aviación a aquellas, a pesar de estar perfectamente organizadas.

A mi regreso he leído algunas inexactitudes de información de Prensa. Son explicables por la dificultad de las comunicaciones. Una hay, sin embargo, que me interesa rectificar; es la especie, completamente fantástica, de supuestas disparidades de criterio sobre la ruta a seguir. Ambos pilotos caminamos siempre de perfecto acuerdo y siguiendo el itinerario de antemano trazado, salvo, naturalmente, las variaciones impuestas en el aíre por las circunstancias atmosféricas.

No quiero dejar de poner fin a estos renglones, ya demasiado largos, sin consignar aquí un aplauso sincero a nuestros mecánicos, sobre ellos pesó un trabajo abrumador. Al final de cada etapa se veían precisados a reparar y limpiar los motores y a cargar 960 litros de gasolina además de otros cientos de aceite. Y todo esto tenían que hacerlo sin hangares al aire libre y bajo un sol calcinante”.   Joaquín LORIGA

Antonio Vidal Neira.

Publicado en FARO DE VIGO, el 2-6-2013. ABRIR

VER REVISTA AEREA ARTICULO ORIGINAL. PULSAL

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