“LA QUE NO VEMOS” por Ramón María Aller


Ficheiro:Monumento a Ramón Mª Aller. Lalín.JPG

Estatua de Ramón María Aller 

Don Ramón María Aller, el astrónomo de Lalín, fue un sacerdote humilde  y un gran sabio, que publicó en las más importantes revistas de astronomía de todo el mundo, sus investigaciones, realizadas, sobre todo,  en su observatorio de Lalin y también,  escribió especializados tratados de astronomía y matemáticas, llenos de originalidad. También escribió algunos artículos, pocos, destinados al gran público, como el que publicó en el periódico “La Noche”, el 26 de abril de 1946, con el título “La que no vemos”, en el que describe de una forma sencilla y clara un estudio sobre las estrellas dobles, una de sus grandes pasiones. Como reconocimiento a Don Ramón, hijo ilustre de Lalín, lo trascribimos en nuestro blog.

Escribió Don Ramón en 1946: “Las cabezas, inclinadas hacia papeles situados en el centro de una mesa se aproximan hasta casi tocarse. Las miradas se concentran sobre un arco de curva dibujado entre multitud de puntos. El lenguaje ¿será el de detectives intrigados en descifrar una pista complicada?

Los nuevos datos llegados de Paris, muestran que continúa la tendencia hacia el exterior…

Sí. Ya antes había síntomas de sinuosidad en las posiciones. Parecen ir alternativamente hacia dentro y hacia fuera.

No! No! Esto es una algarabía! ¿No ven ustedes que esa marcha a veces ni siquiera es progresiva? ¿Qué hacemos con los retrocesos?

Así, no hay posibilidad de señalar fechas medianamente probables en las hipótesis que veníamos haciendo.

Cambiemos la época del paso.

O supongamos mayor excentricidad.

¡Que jeroglífico! ¡Ni que el diablo sembrase esas huellas!

Seguramente ese diablo es una compañera.

Para decidir el asunto es menester escribir al Cabo y que nos suministren nuevos datos.

No es a un “cabo” de policía, sino el de Buena Esperanza. Allí el señor Van den Bos, detective mejor artillado que los del cuento reúne datos sobre pares de estrellas que por estas tierras no hay con qué medir. En cuanto lleguen las ansiadas noticias, hay que cambiar el plan de persecución de la estrella empeñada, al parecer, en quebrantar las leyes de Kepler dando tumbos, en vez de girar con formalidad en torno de la otra compañera elegida como de referencia. Por supuesto, la solidaridad para engañar es absoluta entre ambas, pues tomando como referencia la delincuente, todas las culpas parecen cargar sobre la otra. Esto es lo de menos. Lo importante es el nuevo plan de ataque.

Si las desobediencias a las leyes de Kepler apareciesen repartidas con arreglo a las leyes del azar (que son las más seguras, exceptuando las de Dios para dirigirnos), nada había que hacer sino considerar las desviaciones como errores y la curva del papel podría ser aceptada por los que con tanta atención la contemplan. Pero aquel embrollo de puntos no sigue las leyes del azar, y entonces estas mismas leyes indican que es menester buscar la causa de las desobediencias en una compañera invisible que tira por las dos visibles, resultando el baile de las tres al compas de la música celestial o de las esferas, que en apariencia las dos directamente observadas no seguían. Cuando los datos sean abundantes y precisos, se podrá averiguar si la invisible forma pareja con una de las que vemos, al estilo de la Tierra-Luna, para girar en torno del centro de gravedad del conjunto o si van cada una por su cuenta, dándose tirones, en torno de este centro.

Con razón será objeto de censura el tono “policiaco” para intentar un bosquejo de cómo pueden buscarse estrellas que no vemos; pero, a la verdad, el camino “riguroso” está salpicado de pedruscos con velocidades areolares, longitud del nodo, figuras afines, haces proyectivos… y otros obstáculos que entorpecen la marcha, no de la estrella, sino del periodista, para seguir con precisión el lenguaje de los intrigados por la curva y los puntos.

Todo el mundo conoce el caso del planeta Neptuno, descubierto por Leverrier, astrónomo que nunca miraba al cielo, pero lo escudriñaba en las libretas abarrotadas de cifras por los observadores. También es muy conocido, aunque acaso no tan divulgado como se merece, el de la brillante estrella Sirio. Muchas veces se utilizó esta estrella para determinar la marcha de los relojes, la posición geográfica del observador… Cuando la precisión de los aparatos fue suficiente, comenzó a verse que Sirio necesitaba correcciones un poco raras para ser buen punto de referencia.

Nunca estaba donde “debía estar”. La perspicacia de Bessel al estudiar el movimiento propio ondulado con un periodo de medio siglo, bastó, no solo para hacer de Sirio una estrella útil en determinaciones horarias y geodésicas, sino para descubrir la compañera que la obligaba a oscilar. Los medios ópticos actuales permiten ver esa diminuta estrella, que es pesada de veras. Es bien sabido que un volumen de su materia del tamaño de una caja de cerillas pesa una tonelada, por término medio.

Desde Bessel a nuestros días se han examinado muchos sistemas dobles, triples… múltiples. Son bastantes los casos en que fundadamente se sospecha de la existencia de estrellas que no vemos, algunos menos en los que esa existencia es segura, y pocos en los que se conoce bien la trayectoria de los elementos invisibles. El estudio de estos conjuntos, tengan o no esta clase de elementos, es de gran importancia, porque son los que suministran los únicos datos fundamentales para conocer los pesos de los astros que no pertenecen al sistema planetario”.

R. MARIA ALLER

Antonio Vidal Neira. Madrid, 16-4-2013

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