D. FELIPE ANTONIO GIL TABOADA, MINISTRO DE FELIPE V


Fue Consejero de Estado del Rey Felipe V, Gobernador Real y Presidente del Supremo Consejo de Castilla, Obispo de Osma y Arzobispo de Sevilla. Sus  coetáneos le presentan como uno de los Ministros más íntegros de la Monarquía, un Obispo religioso, sabio y liberal, un vasallo fiel y adicto a sus Soberanos y un Juez incorruptible a las sugestiones del poder y de la vanidad. Ahora le presentamos como un Hijo Ilustre de las tierras de Deza, digno de ser imitado.

D. Felipe Antonio Gil Taboada

D. Felipe Antonio Gil Taboada

Para entender la vida de este ilustre religioso y político, es necesario tener en cuenta la situación política de España a principios del siglo XVIII. A la muerte de Carlos II de Austria sin descendencia se produce la Guerra de Sucesión que fue un conflicto dinástico. El trono de España correspondió a Felipe V de Borbón, nieto del rey francés Luís XIV, pero el miedo de muchas potencias europeas a una unión dinástica entre Francia y España generó que apoyaran al Archiduque Carlos de Austria en sus pretensiones al trono español. El conflicto dinástico se convirtió en una guerra internacional que decidiría para siempre los destinos de toda Europa. Este conflicto marcó el punto final para España como potencia hegemónica en Europa, convirtiéndose a partir de entonces en una potencia de segunda fila. El conflicto sucesorio se convirtió además en una verdadera Guerra Civil entre la Corona de Castilla y la Corona de Aragón, que se saldó con la perdida de los históricos fueros aragoneses y catalanes. El nuevo rey Felipe V de Borbón, llamó a su corte a Don Felipe Gil Taboada, para salvar a la nación de los peligros y restituirla a su antigua gloria y esplendor.

Ruinas de la casa donde nació Felipe Gil Taboada

Ruinas de la casa donde nació Felipe Gil Taboada

Nació el 1 de mayo de 1668, en el lugar de Bergazos, feligresía de Santa Eulalia de Donsión, ayuntamiento de Lalín, provincia de Pontevedra y obispado de Lugo, era hijo de ilustres padres, don Gómez Gil Taboada, natural de Barcia y doña Beatriz Fernández Noguerol, del pazo de Filgueiroa (Donramiro),  señores de las casas de Bergazos, Barcia y Filgueiroa, pertenecientes a las más ilustres familias del Reino de Galicia, en cuyo seno recibió la primera educación.

Estudió en la Facultad de Leyes y Cánones de la Universidad de Santiago y a los 26 años, se graduó Doctor en la misma Universidad, en Derecho, civil y canónico. Obtuvo una beca en el Colegio Mayor de Fonseca, casa fecundísima de varones ilustres en piedad y letras y fue catedrático de la asignatura de Prima de Leyes en dicha Universidad.

En el año 1697, cuando apenas rayaba el límite de la juventud, defendió en Madrid con feliz éxito ante el Consejo de Castilla los derechos de su Colegio de Fonseca, vulnerados por el  Arzobispo de Santiago, a cerca de unas regalías. Opositó a la canonjía de Doctoral de la Catedral de Lugo, pero no habiéndola obtenido, se fue a la Corte y sabedor de sus singulares cualidades don Diego Sarmiento Valladares, Inquisidor General, le nombró para la Fiscalía de la Inquisición de Canarias y aunque la aceptó, no pasó a regentarla por algunas circunstancias que sobrevinieron.

No dejó por esto sus deseos de seguir opositando a las canonjías   de las Catedrales y considerando que el único medio para conseguirlas era, pedir  una beca en un  Colegio Mayor, la solicitó en el de Cuenca de la Universidad de Salamanca, que logró el año 1700, donde concluyó sus estudios. Al año siguiente hizo oposición a la canonjía de Penitenciario de la Catedral de Oviedo, que logró y la obtuvo hasta principios del año 1702, que consiguió en un concurso muy reñido, al que se presentaban doce opositores, la de  Doctoral de la Catedral Primada de Toledo (que había quedado vacante por ascenso de D. Francisco Antonio de Mendarozqueta),  donde se granjeó la estimación y confianza del Cabildo. Consecuencia de este ventajoso concepto, en 1709, le concedieron la Vicaria General de Madrid, en unas circunstancias que era muy delicado administrar justicia entre personas de bandos opuestos, aunque él siempre mantuvo su fidelidad a Felipe V, no sin amargos sinsabores, que sobrellevó con ejemplar heroísmo.  El Archiduque Carlos de Austria, escribió una carta al  Cabildo de Toledo, para que hicieran salir de Madrid al Vicario, anticipándose,  dejó al instante la Vicaria y es a partir de ahora cuando empieza su carrera política.

Enterado el rey Felipe V, de las singulares cualidades, por haberlas  acreditado en sus anteriores destinos, mandó al Secretario de Gracia y Justica, Marques de Mejorada a Toledo,  que fuera  su  encontró, en el Campo Real de Talavera, allí fue donde, sabiendo de su rectitud, fidelidad y sabiduría, le destinó para los altos cargos que después obtuvo. El año 1710, le nombró Presidente de la Real Chancillería de Valladolid, (vacante por ascenso de Don Francisco Acana, al Consejo de Hacienda), cargo que desempeñó con tanta satisfacción del Rey que para tenerle a su lado, el año 1713, le llamó a la Corte nombrándole Comisario General de la Santa Cruzada, consiguiendo,  al mismo tiempo, premiar sus meritos y acercarle junto a su persona, para poder acudir más fácilmente a sus consejos.

Hallándose en este destino, el Rey le elevó a la dignidad episcopal, destinándole para el Obispado de la Santa Iglesia de Osma, el 18 de febrero de 1715, que humildemente aceptó, considerando, “que Dios gobierna con especial asistencia los corazones de los Reyes”. Fue consagrado Obispo en Madrid  y en su nombre, tomo posesión, don Andrés de Eslaba y Ochoa, Prior de las catedral de Osma, el 27 de Agosto.  Elegido Obispo, cuando se disponía a trasladarse a su obispado, el Rey le nombró Consejero de Estado y Presidente del Consejo de  Castilla, del que tomó posesión el 12 de junio de 1715, convirtiéndose en la segunda autoridad de la Monarquía, en donde manifestó su gran prudencia y experiencia, restableciendo el orden en la justicia, restituyendo los Tribunales, los Consejos y la Cámara de Castilla a su primitivo esplendor. Despachaba con el Rey todos los asuntos eclesiásticos, como Secretario de Gracia y Justicia y supo conservar ilesa la antigua disciplina de la Iglesia.

Desempeñando el cargo con agrado del Rey, los enemigos de su éxito, envidiosos del aprecio que le tenía el Rey, emplearon todos los artificios imaginables para vengarse de la consideración de que gozaba. El Alcalde de Corte, Don Francisco Zapata, ordenó arrestar al Marques de la Rosa, Mayordomo de Semana de la Reina, por un acto criminal,  comunicándole  a la Reina que su Mayordomo se hallaba preso por Orden del Gobernador del Consejo, logrando  una orden del Secretario de Gracia y Justicia, para que lo cesara en el ejercicio de su cargo, como culpable de desacato, a la servidumbre de la Casa Real; se le cesó el 10 de Octubre del mismo año y le sucedió en el cargo interinamente, por indisposición de D. Juan Antonio de Torres, el Marqués de Andia.

En este momento fue cuando se dejó ver su grandeza de alma,  renunciando a las más altas dignidades con la misma indiferencia con que había entrado a desempeñarlas. Después de exponer que desconocía de que le acusaban y con la conciencia tranquila,  de no haber faltado jamás  a su Rey, se retiró a su Obispado de Osma, a  principios de 1716. Gobernó esta diócesis con mucho acierto:  administrando el Sacramento de la Penitencia, confirmando en los pueblo, asistiendo a las Misiones que en ellos se hacían y distribuyendo entre los pobres las rentas de su obispado. Las pocas Cartas que se conservan, escritas a su hermano, acreditan su integridad, su amor a la religión, su devoción, su pasión por la Justicia, su deseo del bien para  todos y el amor a su familia.

Convencido, finalmente el Rey de  su inocencia y para demostrarle su aprecio y confianza, le promovió para el Arzobispado de Sevilla, el 4 de noviembre de 1719. Mandó llevar a Roma una carta urgentemente al Papa Clemente XI, a fin de obtener en el más breve tiempo su nombramiento. Nombrado Arzobispo, el Confesor de S.M., le escribió dándole la enhorabuena, añadiendo que el Rey y la Reina, habían mostrado un gran gozo, lo mismo le aseguraba el Secretario de Gracia y Justicia, la Excma. Condesa de Lemos le comunicaba el gozo que había manifestado el Rey  y que la Reina había sido la principal promotora de su nombramiento y el primer oficial de la Secretaria de Estado, le escribió dándole la enhorabuena y diciéndole la gran estimación que el Rey tenia hacia su persona. Todas estas manifestaciones son prueba de que continuaba teniendo  confianza del Rey.

Permaneció en Osma hasta pasada la Pascua de Resurrección del año  1720.  Dejó y cedió a su Iglesia, los frutos que le pertenecían en este Obispado, desde el 1 de enero hasta el 4 de Marzo del año expresado,  que ascendieron a cuarenta y cinco mil reales. Le escribió una carta al Rey manifestando el deseo de ir a rendirle obediencia y renovar todos los sentimientos de amor, celo y fidelidad, de que le habían hecho acreedor las honras y las mercedes de S. M. y se  presentó en la Corte, en Agosto de 1720, confundiendo a sus calumniadores, para agradecer a los Reyes el  nombramiento.

Desde Madrid, partió para Sevilla, el 5 de noviembre de 1720, llevando a su sobrino, D. Cayetano Gil Taboada, (más tarde obispo de Lugo y Arzobispo de Santiago), al que nombró Provisor suyo. Ansioso de llegar cuanto antes, logró hacer su entrada publica en Sevilla, en diciembre del mismo año, donde fue recibido con grandes aclamaciones y alegría, pero disfrutó poco de este Arzobispado de Sevilla, pues murió  el 29 de Abril de 1722, de un ataque apoplético, después de administrarle los santos sacramentos, a la edad de 54 años. Ocho meses antes de su muerte hizo testamento, dejando todo a los pobres, una pequeña cantidad de dinero al Colegio de Fonseca, y otra al Real Hospital de Santiago. Años antes había manifestado el deseo de construir una Iglesia, en el lugar donde había recibido el Bautismo, después de su muerte D. Cayetano Gil Taboada, cumpliendo los deseos de su tío, construyó la hermosa iglesia barroca de Santa Eulalia de Donsión.

Su muerte fue edificante: tenía encargado hacía ya tiempo a su confesor, el RP. Fr. Juan de los Santos Rodríguez, regente de Estudios en el Colegio de Proganda Fide, de San Buenaventura, que en su agonía se le leyese sucesivamente y a intervalos, la pasión de nuestro señor Jesucristo, según el texto de los cuatro evangelistas, los salmos penitenciales y la secuencia de la misa de difuntos, repitiéndole varias veces las estrofas mas consoladoras, que le excitaban a mayor confianza de la misericordia de Dios y murió con tan santas disposiciones. Celebrados los funerales, se le dio sepultura en el panteón  del Sagrario, sobre el cual  se puso un epitafio con el resumen de toda su vida.

Antonio Vidal Neira. Madrid, Octubre de 2013

Publicado en Faro de Vigo, el 17-11-2013

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