D. PEDRO SUAREZ DE DEZA Y EL PORTICO DE LA GLORIA


Con motivo del homenaje que la parroquia cruceña de Oíros va tributar al sacerdote Nicolás Alvarellos, donde desempeño su labor sacerdotal, quisiera tributarle también un pequeño homenaje en mi blog, por su labor investigadora sobre la historia de Deza y para ello trascribo  un artículo muy documentado  que publicó con motivo de las Fiestas de Lalín del año 1988, sobre Pedro Suarez de Deza,  natural de las tierras lalinenses, que fue el personaje más destacado e ilustre de España en su época. Lo público para darle una más amplia divulgación y que no quede olvidado en un pequeño folleto, al que pocas personas pueden tener acceso. He procurado trascribir el artículo lo más fielmente posible, aunque he añadido algunas aportaciones personales porque creo que pueden ayudar a leerlo con más fluidez:

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El Arzobispo D. Pedro III, nació en la segunda década del siglo XII. Su parentesco con los Suarez de Deza, familia señorial muy significada y su nacimiento en esta comarca lalinense es innegable, pero la localización exacta de donde nació es imposible averiguarlo.

Fue el personaje más destacado e ilustre de España en su época. El Cardenal Jacinto, luego Papa con el nombre de Celestino III, ejerciendo de Legado Pontificio en nuestro país, dijo de D. Pedro que era: “la persona a quien más crédito daba de España”. Otro tanto podemos decir de la opinión del Papa Alejandro III.

Inició sus estudios eclesiásticos en Santiago. Siendo canónigo y diácono, se desplazó a la Universidad de Paris, para hacerse Maestro en Leyes. Desde Gelmírez, era frecuente esta salida al extranjero para perfeccionar estudios. También fue Canciller del Arzobispo Compostelano D. Martín. Por ser un hombre tan preparado y merecedor de plena confianza, fue enviado a Roma por el Arzobispo D. Martin, para que intentase resolver, ante el Papa, su litigio con el rey Fernando II, quien le había depuesto como Arzobispo de Santiago. Gracias a la gestión de D. Pedro, ante el Papa, este Prelado recobró el gobierno de la sede compostelana.

Si hacemos caso al Maestro Gil González (1), cuando cita una carta del Papa al Rey de Castilla D. Alfonso, le fue concedido el titulo de Cardenal cuando D. Pedro estaba en Roma. Bernardo Dorado (2), el historiador salmantino, niega esto porque nunca suscribe como tal; razón no  muy convincente, por cuanto inmediatamente es ordenado sacerdote y obispo en Roma, por el Papa Alejandro II, el 29 de Junio de 1167.

Es el propio Papa quien resalta las excelentes cualidades de D. Pedro, en carta al clero de Salamanca: “Persona discreta, sabia, prudente y muy querida para Nos”. También consta que era muy estimado en la Curia Romana. El hecho en sí, de que es el propio Papa Alejandro III quien le ordena de presbítero y obispo “propiis manibus” muestra el paternal afecto que le profesaba.

Fue Obispo de Salamanca desde 1167 hasta Agosto de 1173, mes en que suscribe como obispo salmantino y electo compostelano en un privilegio del Rey Fernando II al Monasterio de Sobrado. Si nos fiamos del historiador de Salamanca, Bernardo Dorado (4), debemos admitir que su episcopado salmantino perduró hasta Enero de 1176 en el que data una donación de D. Gonzalo (alguacil del Rey) al convento Premostratense de Ciudad Rodrigo y la firma D. Pedro Gudesteo, Arzobispo de Santiago (su antecesor) y nuestro D. Pedro como Obispo de Salamanca. Error el suyo o de la copia del original, pues varios y diversos documentos compostelanos confirman una fecha anterior.

Como obispo de Salamanca participó de manera notoria en la aprobación de la Regla de la Orden de Santiago (3). Ya elegido Arzobispo de Santiago tuvo que interceder ante el Rey leonés para que restituyera los bienes, confiscados a dicha Orden y lo logró.

Ciertamente, en Noviembre de 1173, ya aparece como Arzobispo de Santiago en un Diploma, privilegio de coto, al Monasterio de S. Pedro de Vilanova (Dozón, Lalín) dado por el Rey (5).

Reformó la diócesis, dividiéndola en cinco distritos, hoy diríamos Vicarias. A su frente estaban el Deán Catedralicio y cuatro Arcedianos. La zona de Lalín, perteneciente a la Iglesia de Santiago, o sea el Arciprestazgo de Piloño (ayuntamiento de Vila de Cruces) dependía del Arcediano de Comodo. Estos Arcedianos tenían que ser, cuando menso, Diáconos y ser ordenados Sacerdotes, si no lo eran, en el plazo de un año.

En julio de 1174 obtiene de Alejandro III, una Bula solemne por la que el Papa acoge bajo su protección a la Iglesia Compostelana con todas sus posesiones e inmunidades. También consiguió que la cobranza de los “Votos de Santiago” se hiciese normal, aunque con protestas y altibajos.

Logra, asimismo, la constitución formal de la Provincia Eclesiástica de Santiago. Tras varias luchas e impedimentos del Rey de Portugal y algunos Obispos Sufragáneos, consiguió que todos lo acatasen como Metropolitano: Coímbra, Lisboa, Évora, Lamego, Viseo e Idaña en Portugal y en España Zamora, Salamanca, Ciudad-Rodrigo, Ávila y Coria. En aquel entonces las otras diócesis gallegas dependían de la de Braga (Portugal).

Promulgó nuevos Estatutos-Ordenanza para la buena marcha de la catedral. Se aconsejó primero con los canónigos y personas relevantes, diríamos, hoy, que lo hizo democráticamente, así era su talante. Dichas Reglas, aprobadas por el Papa en 1178, tocan todos los temas de la vida comunitaria de los canónigos: el coro, hábito, comidas, prácticas religiosas, convivencia, etc.

Asistió con los Obispos Sufragáneos de Ciudad-Rodrigo y Ávila, al Concilio Ecuménico III de Letrán, en el año 1179. Con esta ocasión recibe del Papa el tan codiciado “Palio”, símbolo de la máxima dignidad.

Otra gran reforma en el año 1182, fue la supresión de los llamados “monasterios familiares”. Los fundadores y herederos, seglares o no, se consideraban con múltiples derechos sobre ellos. Desde entonces, hasta hoy, solo ha habido una reforma semejante, la reforma del Concilio Vaticano II,  al suprimir el derecho de presentación que algunas familias tenían en ciertas parroquias para elegir a los sacerdotes.

Su gran ascendiente y prestigio ante el Pontífice Alejandro III, lleva a éste a conceder un Privilegio a la Iglesia Compostelana, que la resalta en todo el mundo: “EL JUBILEO COMPOSTELANO”, para que sea “como espectáculo para todo el orbe”. Era el año 1181. Son años jubilares todos aquellos en que la festividad del Apóstol coincida en Domingo. La indulgencia plenaria también se puede ganar cualquier año, según la concesión, cuando se visite la catedral en las festividades del Martirio y Traslación del Apóstol y la Dedicación de la Basílica.

El primer Año jubilar, tuvo lugar el año siguiente de 1182. El Rey Fernando II fue uno de los peregrinos, como consta en un Privilegio suyo. Este Rey fue un gran admirador de D. Pedro y lo demuestran las numerosas donaciones hechas a su iglesia. Sobresale la del Burgo de Pontevedra y el Castillo de Cotovad, en 1180 por los favores recibidos del Arzobispo.

Entre los acuerdos de una “concordia” con el Obispo de Lugo, se indica que la Iglesia de Santiago recaudaría íntegramente los Votos y la cera de Deza y Ventosa. El éxito que tuvo en todas sus empresas supone una fenomenal formación intelectual, fortaleza de espíritu, gran santidad, mucho prestigio y una rara habilidad para conseguirlo.

Participó D. Pedro, con 20.000 hombres y de manera destacadísima, en la batalla de Santarén (1184) contra el Califa o Miramamolín de los Almohades, Abu-Jacob. Se dice que esta batalla ganada a los almohades fue casi tan memorable como la de las Navas de Tolosa.

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Consiguió que, a pesar de haber sido sepultado en otro lugar el cadáver del rey Fernando II (año 1188), sus restos fuesen depositados en la capilla de las Reliquias de la Basílica Compostelana, según había dispuesto el dicho Rey. La estatua yacente del sarcófago se atribuye al Maestro Mateo.

Sirvió a Fernando II, con lealtad, durante quince años y a Alfonso IX unos diecinueve.

Ya en tiempos de este último Rey, recibió la mayor alegría de su vida, al ver ultimada su gran obra: “EL PORTICO DE LA GLORIA”. Sus dinteles fueron asentados el 1 de Abril de 1188. Esta maravilla mundial del románico sirve para consagrar eternamente, tanto al Maestro Mateo, su autor material, como a su promotor D. Pedro III Suarez de Deza. La brevedad de un artículo y los cuantiosos estudios publicados sobre el mismo, hacen innecesaria su descripción, juntamente con esta gran obra, se construía el Claustro y se termina el Coro, realizadas todas por el Maestro Mateo.

Decía el historiador y archivero de la Catedral de Lugo, D. Antonio García Conde (6), que en la figura de S. Pedro del Pórtico de la Gloria está representado, al parecer, el propio Arzobispo D. Pedro, cosa no extraña pues también se admite que el famoso “Santo dos Croques” es el mismo Maestro Mateo.

Fue D. Pedro quien resolvió la gravísima situación creada por los dos matrimonios nulos de Alfonso IX con sus primas carnales. La primera boda con la Infanta Isabel de Portugal, que luego llegaría a ser canonizada; la segunda, con la Infanta Berenguela de Castilla. D. Pedro fue comisionado por el Papa Inocencio III para levantar la excomunión al Rey y demás personas afectadas, tras su arrepentimiento.

Dada la multitud de fraudes en la fabricación y venta de “conchas”, símbolos de los peregrinos de Santiago, D. Pedro consiguió una Bula del Papa por la que se urgía, bajo la pena de excomunión, la vigilancia para evitar fraudes en estas insignias o distintivos.

El concurso múltiple y diverso de peregrinos, hizo que D. Pedro fuese sumamente conocido en toda Europa. El Cabildo de Tours (Francia), concedió a la Iglesia de Orense, algunas reliquias de S. Martín, por recomendación de nuestro Arzobispo.

Tras casi 40 años de pontificado, entre Salamanca y Compostela, fallece este insigne prelado de la Iglesia. Su muerte debió acontecer en Abril de 1206. El 6 de Marzo todavía firma una concordia entre los Reyes de León y Castilla; sin embargo, el 7 de Mayo ya está vacante la sede compostelana. Gil González (7) dice que fue enterrado en el Priorato de Sar. Su aniversario se celebraba, en la Catedral, el día de Sto. Tomas Mártir.

Notas:

Esta biografía es el resultado de arduas investigaciones en los Archivos Vaticanos, en los de la Catedral y Universidad de Salamanca, amén del rastreo minucioso en los trabajos históricos de López Ferreiro. La casi totalidad de los datos están tomados de la Historia de la S.A.M.I. de Santiago, tomos IV y V, del citado  López Ferreiro.

(1)  Gil González, Tomo I, Pág. 52, “Historia de las Antigüedades de Salamanca”. Año 1606.

(2)  Bernardo Dorado: Compendio Histórico de la Ciudad de Salamanca, cap. XXIV, editado en 1776.

(3)  Bulario de la Orden de Santiago, traducción de López de Agurleta.

(4)  Obra citada, pág. 154.

(5)  Emilio Duro Peña: “El Monasterio de S. Pedro de Vilanova de Dozón”, en Archivos Leoneses, XXII-1968.

(6)  D. Antonio García Conde: Libreta de apuntes. Sacerdote e importante investigador, natural  de las tierras de Deza.

(7)  Op. Cit..

NICOLAS ALVARELLOS

 Antonio Vidal Neira, Madrid, 16-6-2014

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