ROBERTO NOVOA SANTOS, “EL MEDICO HUMANISTA”


Ramón Novoa Gutiérrez, humilde muchacho del rural dezano, nacido en la parroquia de San Fiz da Xesta, que desde soldado llegó, ascendiendo dos veces en tres años, a teniente de Artillería en la Guerra de Cuba, graduación en la que acabó su carrera, fue el padre de Roberto Novoa Santos, gran  figura de la medicina y de la literatura, que llegó a ser uno de los más grandes médicos  españoles de todos los tiempos. Fue una de las personalidades más brillantes del siglo XX y se le considera el especialista de mayor relieve de la historia de la Medicina en Galicia que escribió el mejor tratado español de Patología General, obra reconocida como maestra. Hombre sabio, modesto y retraído, toda su vida fue recta, sin vacilaciones ni descanso, siempre rodeado del perfume del éxito.

Doctor Nóvoa Santos

Doctor Nóvoa Santos

Roberto Novoa Santos nació en la ciudad de La Coruña, el 6 de julio de 1885, en una casa de la Plaza de María Pita. Era hijo único del matrimonio formado por Ramón Novoa Gutiérrez,   originario de la parroquia de San Pedro da Xesta, en el ayuntamiento de Lalín, en la provincia de Pontevedra, militar, Sargento Segundo del 4º Batallón de Artillería, desde 1882, con destino en la ciudad de El Ferrol; era un hombre de gran entereza, rectitud moral y fortaleza frente a las adversidades y de  Rita Santos Varela, natural de Rutis, perteneciente al Ayuntamiento de Culleredo, en la provincia de La Coruña, mujer de una gran sensibilidad. Tuvo una infancia propia de un niño de familia modesta de la época, transcurrió entre su ciudad natal y las frecuentes estancias y desplazamientos a Ferrol, pues en ambas ciudades y en distintos períodos, se suceden los destinos del padre. Las vacaciones las pasaba sobre todo en la casa natal de la madre, próxima a La Coruña, pero sin olvidar la casa de su padre en la aldea de San Fiz da Xesta, en Lalín.

Los padres no regatearon nada para darle una buena formación y con sacrificio, no dudaron en enviarlo al mejor colegio privado que había en La Coruña en aquellos años, el Colegio “Dequidt”, donde se prepara para ingresar en el bachillerato. A los 10 años ingresa en el Instituto “Eusebio da Guarda” de la ciudad herculina con la calificación de Sobresaliente. Es condiscípulo de Wenceslao Fernández Flórez, cuyo padre era profesor en el mismo centro. Años después, en 1931, en una de las crónicas parlamentarias que publicaba en el diario madrileño ABC, recordará Fernández Flórez: “En los bancos del mismo colegio –el Instituto Eusebio da Guarda, donde también estudio Pablo Picaso- Roberto Novoa Santos y yo hemos subido a un tiempo los cinco peldaños del bachillerato”.

En septiembre de 1895, cuando comienza sus estudios de bachillerato, su padre es promovido a 2º Teniente; en noviembre parte hacia Cuba desde el puerto coruñés a bordo del vapor “León XIII”, con destino a la guarnición de La Habana, donde va a permanecer tres años. Arriba a La Habana en diciembre para incorporarse al destacamento de Cienfuegos. Por Real Orden de 25 de enero se le concede la Cruz Blanca sencilla al merito militar; en Cuba desempeñará diversas misiones destinado en El Morro, los polvorines de San Antonio y a bordo del cañonero “Nueva España”, motivo por el cual se le concedió la Cruz Roja al Merito Militar y es ascendido a Primer Teniente, apenas un mes antes del final de la guerra. Finalizadas las hostilidades, con la amargura de la derrota del 98, pero con la alegría de estar vivo, sale  de La Habana en Diciembre de 1898 a bordo del vapor “Darmstadt” y desembarca en el puerto de Valencia en enero de 1899. Tras continuar su carrera en diversos destinos poco destacados, en abril de 1909 se le concede el retiro tras cumplir la edad reglamentaria.

Mientras, su hijo prosigue sus estudios de bachillerato con total aprovechamiento, destaca por su aplicación y sus altas calificaciones, la mayoría Sobresalientes. Con quince años, en Julio de 1900, termina el bachillerato con Premio Extraordinario en la Sección de Ciencias. Se matricula en la Facultad de Medicina al no poder cumplir su objetivo de trasladarse a Madrid para estudiar la carrera de Ingeniero Industrial, como era su ilusión, pues la economía familiar no le permitía ese dispendio.

Los Novoa pasan a vivir en Santiago en un modesto piso alquilado en la calle de las Huertas, muy cerca del Colegio de Fonseca, sede de la Facultad de Medicina, pues así los estudios de su hijo no serán tan gravosos para la economía familiar.  No solo estudia medicina, sino que además le gusta leer de todo, tanto sociología, como literatura y filosofía y  por su cuenta, estudia francés, alemán e inglés, idiomas que llegará a traducir con facilidad. Se íntegra plenamente en la vida universitaria compostelana, tanto en lo social como en lo cultural; adopta una posición de rebeldía ante situaciones incómodas e injustas; participa con sus compañeros en charlas y tertulias donde se discute de todo, una de sus tertulias preferidas es la que se organizaba en la librería de la imprenta de “El Eco de Santiago” y a la que seguirá acudiendo años más tarde, ya siendo catedrático. En noviembre de 1903,  a los 18 años de edad  siendo un excepcional estudiante en cuarto curso de Medicina con una gran conciencia social,  comienza a publicar en revistas de marcado carácter anarquista, hasta febrero de 1905, todas las colaboraciones las firmadas con el seudónimo Pedro Novoakow, mas tarde uso otro, Max, para firmar en el vespertino El Eco de Santiago.

Su expediente académico fue brillantísimo: salvo dos “Sobresalientes”, uno en Medicina Legal y otro en Higiene, en el resto de las asignaturas alcanza la calificación de Matrícula de Honor y en el examen de grado de la Licenciatura,  obtiene el Premio Extraordinario. En 1907 obtiene el título de Licenciado en Medicina y Cirugía, expedido por el Ministerio de Instrucción Pública, y contrae matrimonio ese mismo año, con Pastora Gamallo Curtada, una santiaguesa a la que había conocido, en los últimos años de la carrera, con la que tuvo dos hijos: Olga y Ramón. Ya casado, empieza a preparar su tesis doctoral, eligiendo un tema de bioquímica, titulado: “Alcance y sistematización de las cromo-reacciones de los albuminoides” que defiende, al año siguiente, en la Universidad de Madrid y que es calificada con Sobresaliente, logrando, así, su grado de Doctor.

Finalizada la carrera fue ayudante del profesor Ramón Varela de la Iglesia en la cátedra de Fisiología. Posteriormente decide establecerse en Ferrol, pero las consultas no resuelven su economía. A fines de 1909 decide trasladarse a La Coruña, instalando su domicilio y su consultorio en la calle Real, la clientela coruñesa tampoco le resulta pródiga. Cuando se convocó por el Ayuntamiento coruñés un concurso de méritos para cubrir una plaza de médico de la Beneficencia Municipal de la ciudad herculina, se presenta y obtiene el puesto de Medico Supernumerario de guardia, del Hospital de la Caridad.  No es una plaza remunerada, pero acude todos los días al hospital, visita a los enfermos de los médicos numerarios, ayuda en las intervenciones quirúrgicas y sustituye a los titulares en las ausencias.

En 1911, recibe una carta del Dr. Romero Molezún,  animándolo a presentarse a la oposición de Profesor Auxiliar de Patología General en la Facultad de Santiago que ese mismo año, cuando tenía 26 años, gana por oposición. Ilusionado con su nuevo destino como docente se traslada a Santiago. Continúa con sus trabajos e investigaciones clínicas que ahora ya firma como profesor de la Universidad de Santiago. Es pensionado durante un año por la Junta de Ampliación de Estudios, lo que le permite trabajar un mes en Burdeos, dos en París, y después en el Laboratorio de la Clínica Médica de la Universidad de Estrasburgo, realizando trabajos experimentales sobre la hiperglucemia, bajo la dirección de los profesores Wenckebach y Blum. Sus trabajos son publicados en diversas revistas médicas. Interrumpe su estancia en el extranjero para opositar y en mayo de 1912  obtiene la Cátedra de Patología General en la Facultad de Medicina de Santiago, donde  van a transcurrir los años más fecundos de su vida en los que perfila y desarrolla sus dotes de maestro y su buen quehacer como clínico prestigioso. Después de la visita al hospital, da sus clases en la universidad que eran claras, profundas,  comprensibles y magistrales, por las tardes en su casa atendía a los enfermos privados, que van aumentando cada día y se va convirtiendo en el médico de moda; no termina, a veces, hasta las diez o las once de la noche.Adquiere fama y holgura económica y esto le permite edificar una casa propia con un bonito jardín en la calle del Hórreo y en la que además de su vivienda, instala el consultorio. En esta casa vivieron también y hasta el fin de sus días, sus padres y cuando murió la madre,  el padre se ocupó con verdadera eficiencia, de todo lo concerniente a la administración de los ingresos y bienes de la familia.

Los numerosos trabajos, que ya había publicado antes de acceder a la cátedra van ahora a enriquecerse con múltiples publicaciones en las más prestigiosas revistas científicas del momento, diversas comunicaciones a Congresos nacionales e internacionales, conferencias y artículos; publica en francés, inglés y alemán. La culminación de su proyecto científico tiene lugar en 1916 cuando publica la primera edición del Manual de Patología General, es la obra que le da a conocer en las altas esferas del mundo de la medicina, llegará a ser una obra de enorme difusión no sólo en España, sino también en América, sale a la luz en tres tomos, que se editan entre 1916 y 1919 y su publicación produce un verdadero impacto en la literatura médica de su tiempo. Los trabajos de cátedra continúan y son publicados, sobre todo en la revista “Galicia médica” y en el Boletín del Colegio de la provincia, editado en Santiago y también en la Revista Medica Gallega. La Real Academia Nacional de Medicina quiere reconocer la labor académica que está desarrollando, lo invita a participar en un Curso de extensión de la Cultura Médica. En los medios culturales y científicos de Galicia, su prestigio es manifiesto, se celebran banquetes para homenajearlo; corporaciones y sociedades desean contar con él en los actos culturales.

En octubre de 1920, con motivo de la celebración de la ceremonia inaugural de Curso Académico de la Universidad compostelana se le encomienda el discurso de apertura. Elige un tema de raíces psicológicas que titula: “El problema del Mundo Interior“.  Al día siguiente, en un número extraordinario del Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago, el Cardenal D. José Martín de Herrera, condena por heréticos los planteamientos de su discurso y recomienda a los fieles que no lo lean ni lo difundan. Esta censura lo inquietó, porque era un hombre respetuoso con todas las ideas y creencias y nada amigo de enfrentamientos ni de polémicas; era tolerante, realista, y contrario a las disputas doctrinales y rencillas personales; aunque en un principio se sintió agraviado, dejó pasar el tiempo y no se dio por aludido; no guardo rencor y siguió manteniendo buenas relaciones con los sectores eclesiásticos. Esto suscitó recelos en algunas mentes estrechas, que lo calificaron de personaje con ideas extrañas, ateo y  hereje pero esto no le preocupó.

Sigue escribiendo y en 1922 sale a la luz, una obra que es reveladora de su pensamiento psicológico y de sus inquietudes “Physis y Psyquis”,  quizás sea su obra más definida ideológicamente, su aparición causó gran impacto. Su labor bibliográfica fue muy abundante, escribió libros sobre estudios biológicos, génesis y significación del sexo, el advenimiento del hombre, el instinto de la muerte, ensayos sobre Santa Teresa y otros muchos, que quedaron como muestra de la cultura y el espíritu científico de este insigne doctor.

Su prestigio le lleva a participar en política, en los comienzos de la Dictadura de Primo de Rivera, en 1924 fue nombrado Diputado Provincial por el distrito de Santiago-Padrón. Desde este puesto realizó la  propuesta de integrar el Hospital Provincial en la Facultad de Medicina de la Universidad gallega, cuestión que provocó un debate social. Cesa en abril de 1925, cuando se constituye la nueva corporación. En noviembre de 1926 y a propuesta de Barcia Caballero, Salvador Cabeza de León, uno de los fundadores del Seminario de Estudios Gallegos y  Pablo Pérez Constanti, historiador, es nombrado por unanimidad  Académico Numerario de la Real Academia Gallega.

En 1927, estaba vacante la cátedra de Patología General de la Universidad de Madrid,  Gregorio Marañón, lo anima a que oposite, en principio rechaza la sugerencia, alegando no estar preparado y estar muy cansado. Al final, acepta firmando las oposiciones, obteniendo la  Cátedra después de unas brillantísimas oposiciones. A los pocos días de terminar la oposición, pronuncia en el Centro Gallego de Madrid una conferencia sobre la “morriña” y la “saudade”. La presentación del orador fue hecha por el galleguista Basilio Álvarez, que lo calificó como “gloria de Galicia y orgullo de la patria“. El regreso a Galicia estuvo marcado por un cúmulo de homenajes tras el éxito alcanzado en Madrid.

En 1928 llega a Madrid,  formando parte de una de las generaciones de la Medicina española, que, puede considerarse de las mejores de Europa entre 1910-1930. Su actividad sigue siendo incansable, como había sido hasta entonces, pero ahora estará rodeada de una aureola de prestigio que ya no le abandonará jamás. En Madrid fija su residencia y su consultorio en un edificio de la calle José Abascal. Al poco de integrarse al claustro de la Universidad madrileña, la Institución Hispano-Cubana de Cultura, por medio de la Junta de Ampliación de Estudios que presidía D. Santiago Ramón y Cajal, le invita a que pronuncie un ciclo de conferencias en Cuba. Llega a La Habana en abril de 1928, donde pronuncia diversas conferencias de temática muy variada. En mayo, emprende su regreso y en una escala que hace en Nueva York es agasajado por la sociedad “Galicia Sporting Club”. En junio llega a La Coruña, donde es recibido por las autoridades oficiales y académicas.

En Madrid, las jornadas transcurren entre la cátedra del Hospital de San Carlos y su consulta privada, el prestigio que había traído de Galicia lo incrementa, los que tienen alguna posibilidad, siguen acudiendo a la consulta madrileña en los casos problemáticos. Su docencia era magistral, tanto en el contacto con los enfermos como en sus clases y conferencias; realiza publicaciones científicas en diversas revistas nacionales y extranjeras; era invitado por las sociedades culturales y científicas más representativas, para que pronunciara conferencias en las que plasmaba, su ciencia y su pensamiento.

La Universidad española vive situaciones conflictivas en la etapa de la Dictadura de Primo de Rivera, no duda en unir su voz y su testimonio a la de un gran número de catedráticos y estudiantes que se oponen a las medidas represivas e intolerantes emanadas del gobierno. Durante la II República es elegido Diputado de las Primeras Cortes Constituyentes, por la provincia de La Coruña, formando parte de la llamada “Federación Republicana Gallega“, de marcado carácter liberal. Aceptó su candidatura por compromiso y amistad con Casares Quiroga, su actividad parlamentaria fue muy breve.

La Junta de Ampliación de Estudios lo pensiona durante cuatro meses a América del Sur. Es invitado por la Institución Cultural Española de Buenos Aires y bajo el patrocinio del Gobierno Argentino para que desarrolle un amplio programa de conferencias en la Facultad de Filosofía y Letras y en la de Medicina de Buenos Aires. Llegó a esta ciudad en julio, acompañado de su esposa y de sus hijos.  La escala previa a la llegada a Buenos Aires fue Montevideo, donde fue agasajado por colegas y autoridades de aquella capital. Todas las lecciones estuvieron acompañadas de recepciones, atenciones y banquetes. No faltaron los homenajes regionalistas, el día 25 de julio de 1932, Día de Galicia, asistió en Buenos Aires a la colocación de las primeras piedras del Centro Gallego, la víspera había asistido en el cementerio de Chacarita a la inauguración del Mausoleo del Centro Gallego, del que era presidente el lalinense José Neira Vidal. Antes de partir de Buenos Aires, el Centro Coruñés le ofreció otro homenaje. Desembarca en La Coruña y eludió los recibimientos oficiales que le tenían preparados porque ya se encontraba enfermo. En su casa de Santiago, termina el período de vacaciones, vuelve a Madrid y reanuda las actividades del curso, ya está convencido de que tiene algo más que una úlcera, pero no deja de trabajar en sus actividades clínicas y en sus publicaciones.

En la primavera de 1932 decide a acudir al cirujano, está seguro de que padece un cáncer de estómago. Decidió que la operación fuera en el Sanatorio del Rosario en Madrid, le operó el doctor Gómez Ulla, acababa de cumplir dos días antes 48 años, en la operación estuvo presente su cuñado el doctor Gamallo, médico de Lalín (Pontevedra). El cirujano se encontró con un tumor primario en el estómago, un carcinoma estenosante de píloro y con metástasis en hígado, páncreas e intestino, se le hizo una gastroenterostomía paliativa que permitió una recuperación aparente. Animado, se trasladó a su casa de Santiago para continuar la convalecencia pero le sorprendió la muerte el 9 de diciembre de 1933, a causa de una hemorragia interna. Al entierro asistió una multitud ingente que le acompaño hasta el antiguo cementerio de Santo Domingo donde fue enterrado. Un trozo humilde del suelo de Galicia, acogió el descanso inmortal de uno de los más ilustres gallegos y uno de sus más grandes hombres.

PAGINAS OLVIDADAS

Roberto Nóvoa Santos, por Maxide

Nóvoa Santos por Maside

En el año 1935, con motivo del segundo aniversario de la muerte de Novoa Santos, medico, pensador y literato, el poeta lalinense Virgilio NOVOA GIL, nacido también en San Fiz da Xesta y probablemente pariente de Ramón Novoa Gutiérrez, padre del insigne medico, escribió un poético articulo para honrar su memoria, en el periódico “El pueblo gallego” el 10/12/1935, titulado “RECUERDO E INQUIETUD DE NOVOA SANTOS”: “Hace dos años que murió Roberto Novoa Santos. Era un hombre sencillo y extraordinario; un hijo preclaro de Galicia, legitimo orgullo de la sangre celta. Medico, pensador, literato –poeta ante todo- dejó una estela sutil y entrañable. Todos conocen o pueden conocer su obra. Nosotros, en este instante solemne, queremos repicar en su recuerdo la esquila de nuestro propio corazón para que suene como un salmo fervoroso; que el incienso de nuestra elegía nimbe su sombra de astro huido.

Lo mejor de Novoa Santos era su inquietud interior, la suprema elegancia de su espíritu. Por encima de su valor científico-literario, adscrito a su aparente personalidad o soterrado en la honda mina de su ser estaba aquel sublime gesto de sus actitudes psicológicas, un resplandor tibio y sereno que lo magnificaba. Muy pocos hombres cobijaron una inquietud interior tan afilada y excelsa. Indagaba la vida y el misterio con un sabor transido de suave amargura y de esperanza confortadora. Era una antena continuamente avizor, imán de las infinitas ondas del universo. Y en verdad que su entendimiento logró esclarecer no pocas nebulosas del extramundo. Su vida y su obra fueron una serena y desesperada canción a la inmortalidad.

Hay hombres que nacen –él lo sabía ¡y nosotros también!- con un bello y trágico destino; vienen a la tierra con un invisible signo, como un gallardete clavado en su frente que ondulará a los cuatro vientos del saber. Su existencia es una continua zozobra divina, plena de intima y vehemente satisfacción. Sed de sabiduría: he ahí su lema impenitente. Afán de ver los estratos ocultos y misteriosos del universo. ¡Investigar siempre, siempre, siempre! Con los ojos, con la inteligencia, con el corazón… ¿Y para qué, para qué? ¿Para ver cómo huye al fin la visión perseguida? Postrer desaliento. Fracaso de espejo roto al reflejar la luz del sol. Sin embargo…Porque esta sed insaciable es por sí satisfacción y estimulo, amarga complacencia, inevitable congoja. Y solo, los hombres de superior categoría la sienten y estimulan, implacable aguijón de fuego, eterna sed cuya única fuente mitigadora será la muerte, el naufragio definitivo.

¡Siempre con el catalejo avizor, centinela de horizontes remotos! Así viven continuamente estos hombres iluminados, vigías de este mar enigmático, hasta que un día se les quiebra el catalejo, apenas entrevisto el paisaje. Mientras, la alegría del mundo desocupado ¿y feliz?, gira en torno su danza inconsciente. ¡Terrible contraste! ¡Incomprensible final! Aquí también la fe y la filosofía. Porque nunca podremos comprender tan cruel paradoja y nada justificará tan funesto desenlace. ¿Cómo la Bondad Suma que rige nuestros destinos –se dice que nada acaece sin su consentimiento-  puede ahogar la nave en lo mejor del periplo? Pero dejemos esta encrucijada y volvamos al tema inicial de este recordatorio. Es mejor, es mejor…

Novoa Santos fue un místico raro, muy a su manera, creyente ungido de su fe. Su espíritu era como una vibrante cuerda de violín: tenso, ágil, musical, rebelde, traspasado de esa rebeldía creadora, único signo de la inteligencia y del progreso humano. ¡Soñaba con la inmortalidad como Moisés ante la tierra de promisión! ¡Qué honda marejada batía en su puerto de duda, la vacilación ante el enigma! Pero ya toda su vitalidad se nubló, resplandor caído en mar oscuro. Solo queda una huella de lumbre señalándonos el eco de su paso por el sendero; y, a la vera, una fuente melancólica, como una lagrima inmensa de quienes le quisieron y admiraron; y, arriba en lo más alto, una estrella que vigila el valle y atestigua la pervivencia de su nombre. Ahora, nosotros también podemos decirle, de mundo a mundo, con esta voz trasfigurada de duelo, que sigue viviendo entre los suyos, en esta orilla lejana. El bajel se perdió en el mar, pero el corazón del capitán fue recogido por las sirenas del recuerdo y canta todavía en el viento y en el rumor de las olas, con una sinfonía errante e inmortal… ¡Que los hombres de mar y tierra la oigan por los siglos de los siglos! …”

Bibliografía:

Ponte Hernándo, F.J.: Escritos juveniles de Roberto Novoa Santos en revistas anarquistas. Medina@Historia, N. 2, 2oo9

Ponte Hernando. F.J.: Historias y fantasias desiderativas, El Correo Gallego, 3/3/2011

Fernández Teijeiro, J.J.: Roberto Novoa Santos. La inmortalidad: dolor y saudade, http://www.researchgate.net

http://www.galiciana.bibliotecadegalicia.xunta.es, Noticias sobre Roberto Novoa Santos, aparecidas en la prensa de la época.

Antonio Vidal Neira, Lalín, 27/10/2014

Publicado en el FARO DE VIGO, el 02/11/2014

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Un pensamiento en “ROBERTO NOVOA SANTOS, “EL MEDICO HUMANISTA”

  1. Bien, aparte de que citar bibliografía es recomendable, pues las influencias son evidentes, Me gustaría saber si tiene algo publicado sobre otro lalinense ilustre, Wenceslao Calvo Garra. Muchas gracias.
    F. Ponte.

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