LAXEIRO


“Laxeiro”,  título del artículo escrito por el gran matemático que sabía pintar ENRIQUE VIDAL ABASCAL, entusiasta laxeirista, en el periódico La Noche el 12 de Julio de 1951

Tarjeta de Laxeiro para E. Vidal Abascal/Archivo E. Vidal Costa

Tarjeta enviada por Laxeiro a E. Vidal Abascal/Archivo E. Vidal Costa

El 23 de julio de 1951, se inauguró en la Sala de Exposiciones “Velázquez”, la Primera Exposición Colectiva de Artistas de Galicia, organizada por el Centro Gallego de Buenos Aires, para la que fueron escogidas para representar el arte gallego, las obras de seis pintores: Laxeiro, Julia Minguillón, Pesqueira, Díaz Pardo, Prego de Oliver, Carlos Maside y un escultor Failde Gago, que llevaron el mensaje plástico de Galicia al ámbito americano. El Centro Gallego encargó a Valentín Paz Andrade y a Francisco Fernández del Riego la selección en España de las obras que se expusieron en el Centro Gallego.

Laxeiro contribuyó, a esta exposición,  con sus cuadros de fuerte vigor personal, de hondo vuelo imaginativo, tan enraizados en el ambiente y el espíritu de Galicia. Fue el único de los seis pintores que asistió, como invitado de honor del Centro,  a la inauguración de la Exposición siendo portador de un mensaje del Patronato Rosalía de Castro para el Centro Gallego.

En una entrevista que le hicieron al embarcar para Buenos Aires  le preguntaron: ¿Por qué te llevas  un jamón?, De esta manera no olvidaré a mi Lalín en los días en que sea más fuerte la nostalgia. Haré caldo de mi tierra y me servirá de consuelo. ¿Darás conferencias en Buenos Aires? No sé hablar. Además no tengo el carnet de orador. Yo solamente tengo una profesión, ser pintor y, si quizás, un dibujante. ¿Por qué dicen que eres el Dalí de Galicia? Eso es un decir de algunos. No veo la causa. Igual pudieran decir que era el Sansón, por mi cabellera. ¿Por qué firmas Laxeiro en vez de Otero Abeledo? Es un bautizo de los tiempos. Mi tatarabuela era de A Laxe, así la familia es Laxeiro. ¿Por qué pintas tantos niños, tocando instrumentos musicales? Porque de niño quise ser músico y no lo fui porque mi padre truncó mí  carrera, con una fenomenal paliza, mi padre no me pegó por la música, sino por culpa de las vacas, ya que tenía que cuidar a seis vacas en un prado y para aprender música, iba a un pueblo cercano en busca del director de una charanga, andaba ocho kilómetros y abandonaba las vacas y un día salieron del prado y se metieron en una huerta y comieron todas las berzas y sobrevino el “consejo” de mi padre que no me dejó llegar a “sol” pero si ver las estrellas a casa de la paliza. ¿Piensas en Galicia cuando pintas? No. Lo que pasa es que lo gallego se lleva dentro, no se piensa y brota por impulso del espíritu.

Laxeiro fue la gran atracción del certamen del Centro Gallego, su presencia hizo girar en torno a él los más contradictorios y apasionados juicios.

Con motivo  de esta Primera Exposición Colectiva de Artistas de Galicia, el gran matemático que sabia pintar, Enrique Vidal Abascal, entusiasta laxeirista, escribió en el periódico “La Noche”,  nº 9387, del 12-7-1951, un artículo titulado “Laxeiro”, en el que nos cuenta  como fueron los primeros años de Laxeiro como pintor  y nos describe desde el punto de vista pictórico algunos de los cuadros que Laxeiro llevó a la exposición de Buenos Aires:

Laxeiro, por Vidal Abascal//Archivo Enrique Vidal

Laxeiro, por E. Vidal Abascal//Archivo E. Vidal Costa

Lo conocí cuando estaba Laxeiro de barbero en Lalín. En los ratos de ocio hacia retratos al carboncillo, copiados de fotografía por cincuenta pesetas, entre ellos al padre de Don Ramón Aller, retrato que aun conservan.

De pronto dejó la barbería y dijo que sería un pintor famoso, tendría entonces veinte años y en una habitación cedida en un edificio construido a expensas de los emigrantes de Lalín en América, comenzó a pintar los cuadros más sorprendentes que se pintaron en la Galicia de Breogán para acá.

Venía de zuecos y de bufanda desde Bendoiro, aldea a siete kilómetros de Lalín y moliendo y preparando los colores como los primitivos, fueron surgiendo: “Niños en un carro”, que hizo bailar de alegría a Colmeiro cuando lo vio, “La dama del abanico”, la serie de autorretratos, “La máscara”. Todos cuadros de grandes dimensiones, pintados con un ímpetu, una ambición y un concepto pictórico, nunca visto en la lánguida pintura gallega.

Estos cuadros están pintados con gran soltura, muy empastados y utilizando la espátula preferentemente. “Niños, en un carro”, representa unos niños que van en un carrito tirado por un caballo que podría ser de cartón, pero con vida. Corren por un paisaje fantástico en el que se ven unas construcciones exóticas. Todas las figuras están construidas como en los cuadros de la época primitiva de Picasso, pero no pudo ser esta la influencia, porque son anteriores los de Laxeiro, ha sido pues, coincidencia. Para valorarlo, es este detalle de la fecha en que fue pintado muy importante y supongo que se hará constar en la exposición de Buenos Aires. Los niños son también fantásticos, están llenos de vida y ternura. El cuadro incita a vivir nuevamente en un mundo de desolación.

El concepto con que ha sido pintado este cuadro, hoy podría considerarse surrealista, pero con la ventaja de haberlo hecho con sinceridad y sin ninguna consideración freudiana.

La dama del abanico” es una señora sentada en una butaca pintada en una tela de dos metros de alto por metro y pico de ancho, construida y modelada pacientemente, en tonalidades terrosas. El cuadro hace ya muchos años que no lo veo, quizá veinte, pero no he olvidado la mezcla de señorial empaque y algo rebelde y vital que lucha por predominar. Es un cuadro que inquieta por la aptitud placida y sosegada de la figura y ese algo que mete Laxeiro en sus cuadros que los hace rebeldes y ariscos.

Sin duda la influencia más destacada es de Picasso, pero con tanta intuición y valor pictórico, que el propio Picasso aprendería viendo estos cuadros.

Los de Lalín y contornos lo consideran un poco loco y un día entre mil peripecias, entre ellas la de tener que ayudar a descarga el camión para que le transportaran los cuadros, montó una exposición en Vigo, sin gran éxito. Mientras que sus vecinos decían que era un vago porque no trabajaba la tierra, éramos muy pocos los que lo admirábamos y alentábamos.

Es pensionado por el Ayuntamiento de Lalín y más tarde por la Diputación de Pontevedra y en Madrid además de contar cuentos en la peña de los diputados gallegos, acude al Museo del Prado casi diariamente; por azar nos encontramos muchas veces en la sala de Velázquez.

De vuelta a Lalín, se traslada a Pontevedra en donde monta un estudio y malamente saca para vivir. A pesar de ver sus obras, poco más lo consideran que un mendigo, sus problemas son pagar el estudio y la fonda. Ya no pinta aquellos cuadros llenos de ambición y juventud, incomprendido y acuciado por el momento, pinta unos cuadritos pequeños, con un halo de misterio y encanto, como “Niños subidos a arboles”, o aquellos pasteles deliciosos de mujeres entre flores y sin duda la obra más importante hecha en Pontevedra fue una pintura para un café, sostenida con cola y que se está deshaciendo, es un cuadro de composición de gran colorido e imaginación, de unos tres metros por dos, hecha por mil pesetas hacia el año 1940.

Pocos años después se fue a Vigo y afortunadamente el ambiente le favoreció un poco más, logra vivir con relativo desahogo y pintar cuadros interesantes como “El Eco”, con la inspiración de los primeros, pero con menos vigor, o “Niños con instrumentos de música” adquirido por “Ángel”, pero siempre con el peso abrumador de parecer que algo se ha quebrado en su carrera artística cuyo comienzo fue tan extraordinario.

Una exposición de dibujos en Madrid con éxito y una exposición en Bilbao no han tenido poder suficiente para que recuperara su forma inicial.

¿Por qué al tener que elegir seis obras para llevar a Buenos Aires ha tenido que recurrir a algunos de los cuadros pintados hace más de veinte años, como “Niños en un carro” y “La dama del abanico”?.

¿Cómo es posible que en la plenitud de la vida, tenga que recurrir a sus primeros pasos para encontrar obras de dimensión e importancia dignas del concurso bonaerense?

Cada uno dará su respuesta y expondrá su teoría, la mía es que la culpa la ha tenido Galicia. Porque en veinte años no ha habido una sola exposición con medallas y premios de valor que estimulasen la creación de obras importantes. Porque sobran patronatos para extender la mano a los que trabajan en América y sobran amigos para organizar fiestas y faltan organizadores que encarnen la vida artística, la alimenten y la  protejan.

Porque en estos veinte años Laxeiro no tuvo un encargo de Diputación, Ayuntamiento u organismo oficial; a pesar de sus excepcionales condiciones para la pintura, que por su importancia y trascendencia pudiera haberle devuelto la fe en la vida y en la obra artística. La incomprensión y la vaciedad de nuestra vida artística, golpe tras golpe, fue debilitando su quehacer pictórico.

Quiera Dios que en Buenos Aires logre reavivar aquellos impulsos con los que venciendo al frio, al hambre y a la inexperiencia le llevaron a crear obras que dentro de unas semanas admirarán en la Sala Velázquez los argentinos.

La Noche. Año XXXII, nº 9387, 12/7/1951

Archivo Enrique Vidal Costa

Antonio Vidal Neira, Madrid, 21/3/2015 

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