BIOGRAFÍA DE DON JOSÉ RODRÍGUEZ


La primera noticia biográfica publicada a raíz de la muerte de don José Rodríguez, se debe a don Ramón Neira que lo conoció y que fue publicada en el periódico de Santiago “El Eco de Galicia”  del 24 de abril de 1851, que trascribimos a continuación por su gran valor históricos:

Busto de D. José Rodríguez en Bermés

Busto de D. José Rodríguez en Bermés

“Este sabio español y distinguido naturalista nació en Santa María de Bermés, en el reino de Galicia, en 25 de octubre de 1770. Desde sus primeros años se distinguió por una constante aplicación a observar la naturaleza, cuya inclinación fue en parte contrariada por su familia que le destinaba al estado eclesiástico y con este objeto, después de las humanidades estudio filosofía en la universidad de Santiago, siendo colegial del de San Gerónimo en la misma ciudad, cuya beca obtuvo por oposición rigorosa y unanimidad de votos.

Dedicose al mismo tiempo que estudiaba esta ciencia a las matemáticas, por las que tenía un gusto y pasión extraordinarios: así es que sin maestro, auxiliado tan solo de algunos libros y no de los mejores, hizo progresos seguramente maravillosos.

Cediendo después a las insinuaciones de sus padres, siguió la carrera de teología, en la que recibió el grado de bachiller nemine discrepante, continuando en todo este tiempo su instrucción en las matemáticas así puras como aplicadas, siendo tales sus adelantos, que la Universidad le nombró sustituto de la cátedra de aquellas, vacante entonces, de la que obtuvo después la propiedad en vista de la honrosa calificación que los jueces, maestros de la Real Academia de guardias marinas del departamento de Ferrol y Real Consulado de La Coruña firmaron de sus talentos, penetración y facilidad en todo género de cálculos que ejecutó en los diferentes exámenes a que le sujetaron.

Habiéndole proporcionado conocimiento con un excelente profesor de botánica, destinó al estudio de esta ciencia el tiempo que le dejaba libre la cátedra, haciendo progresos proporcionalmente iguales a los adquiridos en el estudio de las matemáticas: más convencido de que en España nunca podrían adelantar sus talentos, se decidió a marchar a Paris, lo que verificó, auxiliado de algunos amigos, entre los que debe hacerse especial mención del doctor don Pedro Antonio Sánchez, canónigo de la catedral de Santiago y del doctor don Julián Suarez Freire, botánico honorario de Cámara, ambos dispuestos a ayudar y favorecer los jóvenes de merito sobresaliente, así como a promover y fomentar todos los establecimientos que tuviesen relación con las ciencias y prosperidad publica.

Es seguramente sensible a nuestra España tratándose de este sabio astrónomo y naturalista, no poder manifestar después de su marcha a Paris, noticias tan exactas como las que quedan indicadas; pero como todos sus libros, varios manuscritos, colecciones de mineralogía, modelos de cristalografía, instrumentos de física y geodesia, los títulos y documentos relativos a sus estudios desde que salió de la Península y comisiones que se le han encargado, quedaron encajonados y depositados en una de las salas del Museo de Ciencias de Madrid, donde subsisten detenidos por la junta de aquel establecimiento bajo diferentes pretextos, a pesar de las vivas diligencias practicadas por su albacea, dicho doctor don Julián Suarez Freire, para recogerlos y cumplir su última voluntad; de aquí es que solo se sabe acreditaran estos documentos entre otras cosas, que se hallaba este benemérito gallego el año de 1808 en las Islas Baleares, asociado a los sabios franceses M. Biot y Arago, ocupados en la prolongación de la meridiana de Dunquerque a Barcelona; operación que suspendió la guerra de la nación española contra Bonaparte: que en el de 1811 o el siguiente le comisionó nuestro gobierno a Londres donde contrajo relaciones intimas con los sabios de esta capital, particularmente con el distinguido marino español Mendoza, mereciendo el aprecio de todos, por su mucha instrucción y las sabias observaciones que presentó sobre la medida de tres grados de meridiano, ejecutada por el teniente coronel William Mudge en Inglaterra, que se imprimieron en ingles año de 1812, en Londres.

Vuelto a España, dio lecciones de matemáticas sublimes en su cátedra de la Universidad de Santiago los años 1813 y 14, pasando de aquí segunda vez a Paris y a Sajonia, donde estuvo dos años al lado del célebre profesor de mineralogía Mr. Werner que le distinguió con su amistad.

Habiendo regresado a Paris fue solicitado para dar lecciones de astronomía en el Ateneo de Ciencias de esta capital e instado por el emperador de Rusia Alejandro para ir a San Petersburgo a dirigir un observatorio astronómico, ofreciéndole además de una crecida pensión los honores de consejero, a cuya propuesta no accedió sin dar de ella conocimiento al gobierno español, que por no perder un sabio tan distinguido le nombró director del observatorio astronómico de Madrid, que aceptó, estimulado por amor patrio y del deseo de propagar en su nación los muchos conocimientos que había adquirido, como también en agradecimiento al mismo gobierno que para sus estudios y viaje le había pensionado con 12.000 rs.

En el año de 1819 tomó posesión de su destino y dio el primer curso de lecciones públicas de astronomía. En el de 1820 fue nombrado diputado por Galicia en las Cortes de las legislaturas de aquel año y siguiente, siendo individuo de diferentes comisiones y distinguiéndose siempre por su moderación y celo en promover los conocimientos útiles.

Pasó después a Paris con el objeto de ver los amigos que tenía en aquella capital donde se detuvo hasta diciembre de 1822. Volvió a Madrid y dio principio al segundo curso de astronomía que las ocurrencias políticas del año de 1823 le obligaron a suspender; y hallándose entonces su salud en muy mal estado, determinó pasar a Galicia con el objeto de restablecerla, como lo verificó, consiguiendo algún alivio; y procurando sacer algún provecho para las ciencias y para sus enfermedades, emprendió un viaje a Portugal deteniéndose particularmente en Coímbra y Lisboa; pero agravadas sus indisposiciones, tuvo que regresar a la ciudad de Santiago, donde falleció este benemérito español en 30 de Setiembre de 1824. Solo se le hallaron algunos apuntes sobre diferentes ramos de las ciencias exactas y naturales; dos memorias de su letra, la una traducción de la de Bradley sobre el descubrimiento de la aberración de la luz con notas analíticas y la otra sobre la figura y propiedades singulares del alvéolo de las abejas, que dejó dispuesto se entregasen a un discípulo suyo, y un pequeño número de libros relativos a mineralogía y geonosia con algunos de geodesia, pues todo lo demás lo dejó en Madrid según queda referido. Parece que los francés, más generosos que sus conciudadanos, erigieron un monumento en su memoria”. R. N.

Antonio Vidal Neira, 06/08/2015

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2 pensamientos en “BIOGRAFÍA DE DON JOSÉ RODRÍGUEZ

  1. Muy interesante Antonio. Ya tienes otra línea de investigación abierta. Encontrar en el Museo de las Ciencias de Madrid toda esa documentación de que se habla siempre y no aparece nunca… Sería un bombazo; D. Ramón investigó por todas partes para encontrar más documentos manuscritos de este astrónomo y no los pudo encontrar. Me parece interesante el artículo. por cierto, este señor Neira era familiar tuyo o simplemente coincide en el apellido? Sigo en el Museo, puedes venir hacernos una visita! Gracias por el artículo. Un saludo.

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