SAN MARTÍN DE LALÍN A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII


Iglesia de San Martín de Lalín

Iglesia de San Martín de Lalín

En el siglo XVIII, la feligresía de San Martín de Lalín, pertenecía a la jurisdicción de Deza y a la provincia de Lugo. Era de Señorío de la Excelentísima Señora Condesa de Lemos, quien percibía de cada vecino cabeza de casa un real y diecisiete maravedíes de vellón, por razón de VASALLAJE, a excepción de Vicente Cayetano González, escribano de Número, que era uno de los tres escribanos de la Jurisdicción de Deza, también percibía la LUCTUOSA y por ella treinta y ocho reales y además de ello también percibía el Real Monasterio de Santa María de Osera, una libra de cera, por razón de dicha Luctuosa, de cuatro vecinos del lugar de Lalín de Arriba: Simón Blanco, Bernardo Blanco, Eulalia Blanco y Pedro López  González, que su valor anual ascendía a seis reales de vellón.

Iglesia de San Martín de Lalín

Iglesia de San Martín de Lalín

En cuanto a la situación geográfica, la feligresía tenía de distancia de Levante a Poniente  medio cuarto de legua y de Norte a Sur otro medio cuarto de legua y de circunferencia media legua, que para caminarla se tardaba una hora. La feligresía principiaba su demarcación, por el Levante en el Marco de Forca y de aquí iba a la Mamoa del Gallo y al Foxo Vello, por el Norte al Puerto de Ramos y Pontillón, por el Poniente  linda  con la Puente del Estanque y Fonte Sanguiño, por el Sur  con el coto de Pena Aguda, el campo de Don Frean y sigue al Marco de Forca, que es la primera demarcación; linda por el Levante con la feligresía de San Martin de Maceira, por el Norte y Poniente con la de San Cristóbal da Pena, por el Sur con la de Santa María de Don Ramiro.

Los vecinos de que se componía la  feligresía eran TREINTA. Había treinta casas habitables, tres inhabitables y dos caídas. No había ningún  jornalero. No había ningún pobre. Había tres clérigos incluido el  Párroco, don Manuel Enríquez de Había, que vivía en la feligresía de Santa María de Don Ramiro. No había ningún convento.

Los frutos que se cultivaban mayoritariamente  eran: trigo, centeno y mijo menudo. Los árboles frutales que había en el término eran manzanos y cerezos, que se hallaban  plantados en las tierras de hortaliza, sin orden ni regla, dispersos y  en los márgenes. Las especies de ganado que había eran bueyes, vacas, novillos,  terneros, ovejas, corderos, cerdos, cabras, mulas y potros.

LALIN DARRIBA 033La unidad de medida de las tierras que se usaba era la de un ferrado de centeno, que constaba de veintisiete varas castellanas en cuadro, el que sembrado de  centeno necesitaba un ferrado de la misma simiente,  sembrado de mijo menudo la octava parte de un ferrado.

Los tipos de tierras que se hallaban dentro de la feligresía eran tierras de sembradura de centeno, secano, hortaliza, prados de regadío y de secano, dehesas de particulares, montes bajos cerrados también de particulares, montes bajos abiertos del Común y tierra inculta por naturaleza y las tierras producían una sola cosecha al año y  los montes bajos cerrados de primera calidad se araban de doce en doce años, los de segunda cada dieciséis y los de tercera calidad cada veinticuatro años;  los montes bajos abiertos de primera calidad se araban cada veinte años,  los de segunda cada treinta y los de tercera calidad cada cuarenta años.

En cuanto a la superficie de tierras que había era: dos mil  ochocientos  ferrados de centeno, cien de secano de primera calidad, ciento cincuenta de segunda y de tercera trescientos  cinco; un ferrado de tierra de hortaliza de primera calidad, de segunda ocho y de tercera once; seis ferrados de prados de regadío  de primera calidad, de segunda doce y de tercera  quince; catorce ferrados de prado de secano de primera calidad, de segunda veintidós y de tercera treinta; tres ferrados de dehesa de particulares de primera calidad,  de segunda nueve y de tercera catorce; ochenta ferrados de primera calidad de montes bajos cerrados de particulares,  de segunda ciento veinte y de tercera setecientos; trescientos ferrados de montes bajos abiertos del Común de primera calidad, de segunda cuatrocientos y de tercera doscientos; trescientos ferrados de tierra inútil  por naturaleza.

El valor de un ferrado de trigo era de cinco reales, el de centeno de tres, el de mijo menudo de dos, el de un carro de leña  otros dos, un par de capones cuatro reales, la libra de lana en bruto un real y un carro de tojos un real.

Casa de San Martín de Lalín

Casa de San Martín de Lalín

Sobre lo que producían las tierras se hallaban impuestos los DIEZMOS y PRIMICIAS, que percibían de por mitad el Cura Párroco y la Excelentísima Señora Condesa de Lemos, así mismo percibían de cada vecino cabeza de casa cuando se moría, por razón de ABADÍA el mejor vestido que tuviese,  también percibía el Cura un ferrado de pan mediado por razón de OBLATA, el cabildo de la ciudad de Santiago,  la tercera parte de un ferrado de centeno, por razón de BOTO y el de la ciudad de Lugo  por la misma razón también percibía de cada vecino un maravedí.

Los frutos de los DIEZMOS anteriormente expresados, que se cogían en la feligresía, ascendían a cincuenta ferrados de centeno, cuarenta de mijo menudo, veinte reales de DIEZMOS MENUDOS, sesenta y cinco reales de PRIMICIA, la ABADÍA ascendía a veinte reales, que percibían el Cura Párroco y la referida Condesa de Lemos de por mitad y la OBLATA ascendía a noventa reales, el BOTO que percibía el cabildo de la ciudad de Santiago a once reales y el que percibía el de la ciudad de Lugo a treinta maravedíes.

Cruceiro de San Marín de Lalín

Cruceiro de San Marín de Lalín

En la feligresía había nueve MOLINOS HARINEROS de una muela, en el Arroyo de Porto Afonselle, que molían tres meses al año, eran de Francisco de Parga, Ignacio Barcala,  Fernando López,  Pedro López del Casal, Pedro González Cacheda, Pedro López del Casal, Juan de Rielo,  Vicente Caetano  González, escribano, que molía seis meses al año, Simón Froiz,  de dos muelas, en el Arroyo del Estanco, que molía  seis meses.

Había doce COLMENAS,  una  pertenecía a Pedro Failde, siete a José Salgado, cuatro a José de Silva y el producto de cada una de ellas de miel, cera y enjambre que producía al año, era de cuatro reales.

La feligresía no disfrutaba ningún arbitrio, ni otra cosa que le produjera utilidad; pero con motivo de estar inscritos los vecinos de la jurisdicción y sus cotos que se componía de cincuenta y cinco feligresías, tenían que pagar todos los derechos debidos a Su Majestad en la tesorería de Rentas Provinciales de la ciudad de Lugo.

Se celebraba una feria en San Martín de Lalín, el día tres de cada mes y  los mercaderes que a ella concurrían y otras personas con ganados que no eran vecinos de dicha Jurisdicción, pagaban un dos por ciento de lo que vendían, que calculando un año con otro, por un quinquenio, ascendía su valor a quinientos reales de vellón y además disfrutaba  lo que paga Pedro González Cacheda por la Taberna.

Los gastos que debía pagar el Común de toda la Jurisdicción, salían de los impuestos que se cobraban en la feria: ciento cincuenta reales se pagaban al Procurador General, ciento cincuenta al Correo y lo restante se empleaba en diferentes gastos como arreglo de caminos, puentes, conducción de presos y otros. Los vecinos pagan anualmente cuarenta y cinco reales de vellón, por razón de servicio Ordinario y Extraordinario, que les hacía la ciudad de Lugo. No había empleo enajenado, alcabalas ni otras rentas que perteneciesen a Su Majestad, ni a ningún particular,  excepto que el Dueño Jurisdiccional ponía Juez Ordinario.

Iglesia de San Martín de Lalín, entorno a la cual se encontraba el antiguo monasterio

Iglesia de San Martín de Lalín

En la feligresía no había mesones, tiendas, panaderías, carnicerías, ni otra cosa más que tan solamente una TABERNA en la que ponía vino al por menor Pedro González Cacheda,  por la cesión que los vecinos le habían hecho en la cantidad de novecientos un reales y veintiséis maravedíes de vellón, cuya cantidad es la que dichos vecinos pagaban cada  año en la ciudad de Lugo y Tesorería de Rentas Provinciales y al tabernero le quedaban al año  quinientos reales de vellón.

No había ningún tendero de paños, ropas de oro, plata y  seda, lienzos, especierías ni otras mercaderías, médicos, boticarios, había solamente un CIRUJANO, Juan de Rielo y su oficio le dejaba al año doscientos reales; había un ESCRIBANO REAL,  Francisco López  que ganaba al año doscientos reales; un escribano de NÚMERO, Vicente Caetano González que ganaba al año mil cien reales; dos MINISTROS DE JUSTICIA,  José Salgado y Antonio Sánchez,  que ganaban cada uno de ellos al año treinta reales; siete ARRIEROS: Fernando López, tenía cuatro caballerías, ganaba con este tráfico al año ochenta reales; Francisco Maceiras, tenía ocho caballerías, que ganaba al año ciento sesenta reales; José de Silva, tenía cuatro caballerías, ganaba al año ochenta reales; Pedro López del Casal,  tenia tres caballerías, ganaba al año sesenta reales; Pedro López González, tenía trece caballerías, ganaba al año doscientos sesenta reales; Manuel González, tenía tres caballerías, ganaba al año sesenta reales; Pedro González Cacheda,  tenía ocho caballerías, ganaba al año  ciento sesenta reales.

Las ocupaciones  de artes mecánicas que había en el termino  se reducían a tres CARPINTEROS: Antonio de Garra, Andrés Presas y Gregorio de Senra, trabajan cada uno de ellos dos meses al año y también lo hacían de labradores y trabajando  de su oficio ganaban de jornal al día dos reales y medio; un CANTERO,  Antonio García trabajaba dos meses al año y  también lo hacía de labrador y trabajando de su oficio ganaba de jornal al día dos reales; un ZAPATERO,  Rafael Taboada, trabajaba dos meses al año y  también lo hacía de labrador y ganaba de jornal al día dos reales y medio; un TEJEDOR Francisco de Trabazo, trabajaba dos meses al año y también lo hacía de labrador y trabajando de su oficio ganaba de jornal al día un real.

Esta información la han proporcionado, el 26 de diciembre de 1752, los expertos nombrados para ello Simón Blanco y Antonio Sánchez, ante el Subdelegado Alonso Nicolás de Fonseca y el Teniente Juez y Justicia Ordinaria don Antonio Varela y Saavedra y lo firmó el escribano  Simón de Otero.

Antonio Vidal Neira, Lalín, 17/9/2015

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2 pensamientos en “SAN MARTÍN DE LALÍN A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII

  1. Interesante artículo. Me interesaban los canteiros, pero veo que pocos había en aquel entonces y a tiempo partical…. Es lo que figura en el Catastro? Es muy interesante. El pobre siempre pagaba… casi igual que ahora!

  2. Hola Antonio. He leído con interés este artículo de historia de Lalín de Arriba. También he consultado el referente a mi parroquia en el catastro de Ensenada. Gracias por conectarnos con nuestros antepasados, su historia y vicisitudes. Gracias.

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