JOSÉ OTERO ABELEDO “LAXEIRO”, EL PINTOR DE LALÍN


Una faceta entrañable de la vida de Laxeiro,  fue su amistad con  Ramón María Aller Ulloa y Enrique Vidal Abascal, a los que conoció ya en sus comienzos en Lalín,  ambos convivieron y sintieron encenderse entre ellos la llama de la amistad, como lo prueba la intensa comunicación personal y escrita entre ambos.

Laxeiro por Vidal Abascal//Archivo E. Vidal Abascal

Laxeiro por Vidal Abascal//Archivo E. Vidal Costa

José Otero Abeledo, más conocido como Laxeiro”,  “o fillo da Laxeira” porque su madre era natural de la aldea lalinense de la Laxe (Bendoiro),  la cual vino a Donramiro a trabajar a la casa de José Neira González, esa es la razón porque  nació en Donramiro (Lalín) el 23 de febrero de 1908,  su padrino fue Manuel de Neira. El 8 de diciembre de 1901, según certificación del notario apostólico D. Antonio Gontán Botana, María Benita Abeledo, empadronada en San  Miguel de Goyás, dio su consentimiento para que su hija natural, María Joséfa Abeledo, nacida en 1881, vecina de Donramiro, pueda contraer matrimonio con José Otero Fernández, nacido en 1882, natural de Vilamayor, vecino de San Juan de Botos. Son testigos de la boda D. Victorino Gutierrez y D. Diego Gómez. En esta parroquia de Donramiro, en el lugar de Filgueiroa,  nació también el sabio astrónomo Ramón María Aller; aunque su infancia trascurrió en la aldea de Botos, donde la maestra Dña. Teresa López, impresionada por la habilidad que mostraba para el dibujo, le animó a prosperar en ese campo. Laxeiro, en una entrevista en la prensa,  confesó que había querido ser músico, de lo que desistió, al recibir una fenomenal paliza, que le pegó su padre por abandonar seis vacas en el prado,  que se metieron en una huerta y comieron todas las berzas,  para ir a un pueblo cercano en busca del director de una charanga a ocho kilómetros, para que le diera clases de música.  Don Ramón María Aller le proporcionó los primeros útiles artísticos para empezar a pintar en el Hospitalillo.

Laxeiro fue un niño de la emigración, a los 13 años, reclamado por su padre, con su madre y un hermano marchó a Cuba para unirse con él, vivió en la ciudad de la Habana hasta los 17 años, donde tuvo varios oficios, trabajó como pinche en una mantequería, según su padre,  para sujetarlo porque era un “rillote” revolucionario,  después entró a trabajar con un pintor de vallas, un publicista, ganando cinco dólares diarios en la casa “Ballesteros y Compañía” decoradora de las casas del gobierno y casas ilustres y fue entonces cuando empezó a asistir  a clases de dibujo, en la “Escuela Concepción Arenal”, asociada al Centro Gallego de la Habana.

LEXEIRO CON SU PADRINO 009

Laxeiro y su padrino Manuel Neira

En 1925, a los diecisiete años regresa a Lalín con la salud quebrantada, donde  trabajó como barbero y siguió pintando hasta obtener a los 23 años, en 1931, una beca de 3.000 pesetas  del Ayuntamiento de Lalín que le pensionó para ampliar sus estudios en la  Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y   que en 1932 le prorrogó la Diputación Provincial para seguir estudiando en Madrid. Después de este periodo académico es cuando se abre la dimensión pictórica de Laxeiro que se estrena en 1934 con su primera exposición en la Facultad de Filosofía y Letras de Santiago,  inaugurando con ello una etapa de gran actividad artística que se ve interrumpida por el estallido de la Guerra Civil. En 1941, pintó  lo que fueron sus obras murales más importantes y que el propio artista define como precursoras de la “Nueva Figuración”: el mural del cine Balado (Lalín) y  del café Moderno, titulado “Manantial de vida”,  el primero se perdió, el segundo lo “repitió” el propio artista a instancia de los nuevos dueños del edificio.

Yo, Laxeiro

Laxeiro/Archivo E. Vidal Costa

Su etapa Argentina, en Buenos Aires (1951-1970),  marca  un cambio importante en su vida y en su obra, pues, por una parte, la “depura” del peso de los elementos naturalistas y al mismo tiempo, el influjo de Picasso, tan intenso en estos momentos, le llevó al retorcimiento y descomposición de la figura y a fortalecer, incluso en grosor, el poder del trazo casi como las líneas de plomo de las  vidrieras que pintaba cuando estaba en Cuba.

Al regreso de América instaló su estudio en el ático del Café Gijón de Madrid y repartió su vida y su trabajo entre Madrid, Vigo y Lalín, hasta su muerte en 1996. En 1970 se hizo en la Art Gallery International de Buenos Aires una gran muestra retrospectiva de su obra, en 1983 el Ayuntamiento de Vigo le dedicó la “Casa Museo Laxeiro” y en 1985 la Bienal de Arte de Pontevedra le dedica su sección antológica como homenaje.

Laxeiro fue un personaje inquieto y extraordinariamente original. Su obra  se desarrolló entre la tradición y la innovación, entre las raíces gallegas y el internacionalismo plástico, caracterizándose por su expresionismo, con rasgos arcaizantes y primitivos, donde lo imaginativo toma apariencia de realidad, reflejándose en escenas mitológicas de barroca figuración, repletas de niños rechonchos, adultos estrafalarios o seres antropomórficos. Las formas laxeirianas de sus cuadros  se inspiran en expresiones artísticas tan diferentes como las bacanales sensuales y voluptuosas de Tiziano, en el  submundo goyesco de las “Pinturas Negras” de Goya, en la textura de las esculturas graníticas del Maestro Matero y en los trazos geométricos de Picasso.  En su obra Galicia permanece presente, el color y el tema  es campesino y “entroidal”, con una mixtura de influencias, como hemos dicho, en temas y en estilos, que van de Goya a Picasso, pasando por Solana.

Descubriendo estrellas (1)

Descubrindo estrellas, Laxeiro /Archivo E.V.C.

Hay dos obras que pueden ilustrar la pintura de Laxeiro: “La Voz de la Montaña” obra de sueños y visiones infantiles de rocas, “penedos”, que las sombras del atardecer conforman como figuras que cobran vida y “Trasmundo” su curiosa visión del juicio final, del más allá y más acá separados por un muro en el que se agolpan la realidad, hombres y mujeres, campesinos, faunos, enanos, brujas y  demonios, todos con un tratamiento instintivo y elemental, despojados de convencionalismos que es el mejor identificador de la pintura de Laxeiro. Junto con Seoane, Souto, Colmeiro o Maside formó parte del denominado “Movimiento de los  renovadores”, que trató de abrir la pintura gallega a la modernidad, transformando y renovando el lenguaje, asumiendo la herencia del entorno.

Laxeiro fue símbolo y referencia de posteriores generaciones plásticas, fue un personaje inquieto y extraordinariamente original y uno de los tipos más excepcionales que ha dado la pintura gallega. Entre sus galardones cabe destacar la Medalla de la Bienal de Pontevedra, la  Medalla Castelao de la Junta de Galicia y la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Vigo. En 1977, fue nombrado Hijo Predilecto de Lalín,  por el alcalde D. Luis González Taboada, después de las bellas palabras del teniente alcalde Sr. Doñate, que recordó la vida y andanzas de Laxeiro. El Ayuntamiento de Lalín, también,  le puso el nombre de “Laxeiro” a una de sus calles.

Hablando, Laxeiro/Archivo Enrique Vidal Costa

Hablando, Laxeiro/Archivo Enrique Vidal Costa

Una faceta entrañable de la vida de Laxeiro, que quisiera resaltar, fue su amistad con  Ramón María Aller Ulloa y Enrique Vidal Abascal, a los que conoció ya en sus comienzos en Lalín, cuando cobraba diez duros por un retrato, ambos convivieron y sintieron encenderse entre ellos la llama de la amistad, como lo prueba la intensa comunicación personal y escrita entre ambos: cartas, postales, tarjetas, etc.; como ejemplo de ello trascribo  una cariñosa carta escrita por Laxeiro de su propio puño y letra que  le envió a Enrique Vidal Abascal, desde Buenos Aires, como prueba de su aprecio y amistad, centrándose en su faceta de pintor, que era lo que les unía. La carta procede del archivo particular de Enrique Vidal Costa:

 “Querido amigo Enrique: Por   fin tu tarjeta me sacó de una duda, creí que no te habían llegado mis cartas. Vivimos en una época tan al borde de la tragedia, que la mayor parte de la humanidad anda con la mosca detrás de la oreja. Yo fui aquí el primero que supe que Carlos Maside había muerto, mi hija me mandó rápidamente los recortes de la prensa de ahí, yo lo sentí muchísimo pero es una realidad de la naturaleza, nacer y morir. Como ya te había dicho hago una exposición en la Sala Velázquez de esta capital, se inaugura el 1 de Diciembre; te haré llegar catálogo y fotos  de cuadros y algún recorte de crítica, si es que esta se preocupa de la exposición porque aquí críticos y pintores están con un tremendo ataque de sarampión abstracto y concreto y lo que  llaman texturas. Yo sigo oyendo la voz de la montaña y como me sigue contando muchas cosas, son tan antiguas que nada tienen que ver con el sarampión que hoy está de moda. Me alegra mucho que sigas pintando, no dejes de hacerlo, pinta todo lo que puedas; quien te dice a ti que a lo mejor los de Lalín hemos venido al mundo con hambre de pintar y que los de nuestra generación seremos los precursores de grandes maestros, que un día o una noche vendrán al mundo en una de las aldeas de nuestra comarca. Así salió al mundo Don Ramón Aller en una pequeña aldea que se llama Filgueiroa; clavó los ojos en el inmenso espacio y hoy su nombre es universal. ¡Viva Lalín con razón ou sin ela! Cuando vayas a Vigo no dejes de ver un cuadro que me compró Paz Andrade cuando estuvo aquí el año pasado, se titula “Romería de Deza”, él te contará la historia del mismo y él como fue a Vigo; mide 200×144, dicho cuadro llegó a Galicia el mismo día que se enterró Maside o sea el 11 de Junio, sentí mucho que Carlos no lo viera, porque estoy seguro que le alegraría ver que yo sigo pintando con la ilusión de siempre. Creo que hay en Lalín un tal Sucasas que pinta ¿Qué hace? Trata de conocerlo y anímalo. Con saludos para todos mis amigos y un abrazo para Don Ramón M. Aller y otro para ti, espero noticias”. LAXEIRO.

Postal enviada por Laxeiro a Vidal Abascal/Archivo E. V. C.

Postal enviada por Laxeiro a Vidal Abascal/Archivo E. V. C.

Enrique Vidal Abascal, que  fue un excelente pintor,  a demás de un sabio  matemático y astrónomo  y un brillante escritor que  escribió, importantes libros científicos, también sobre pintura y varios  artículos en los que intentó dar a conocer  la vida de Laxeiro  y comentó ampliamente su obra pictórica  y sobre su maestro  Ramón María Aller, entre los que destacamos los siguientes:  “Laxeiro”, (1951);  “El expresionismo barroco de Laxeiro”, La Noche (1957); “La pintura europea”, La voz de Galicia (1971); “Chamada a Laxeiro”, Faro de Vigo (1974); “Kokoschka e Laxeiro”, Faro de Vigo; “Escuela de pintura gallega”, Faro de Vigo (1976); “Mas sobre la pintura”, La Noche (195); “La astronomía de D. Ramón Aller”, La Noche (1957); “La lección de D. Ramón María Aller”, La Noche (1956), ….

Antonio Vidal Neira, Madrid, 26/02/2016

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3 pensamientos en “JOSÉ OTERO ABELEDO “LAXEIRO”, EL PINTOR DE LALÍN

  1. Vin a Laxeiro aquí en santa Baia cando veu ao enterro do seu irmán, don Gerardo, ATS, que tamén era un artista. Falei moi pouco co pintor, e deixoume un grato recordo. Tiña melenas e un sombreiro encima. Moi atento e amable. Oía falar del, e tiven ese pequeno encontro con el, e non o vin máis. Recórdoo con agrado.
    Grazas, Antonio, por achegarnos persoas tan entrañables, e dunha maneira tamén moi entrañable como ti as tratas a todas, as fenecidas e as que aínda camiñamos por esta vida.

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