LA FELIGRESíA DE SAN ADRIÁN DE MONEIXAS A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII


Esta es la información que sobre la feligresía de Moneixas, recogió el 29 de Enero de 1753, el Sr. D. Alonso Nicolás de Fonseca y Patiño, Abogado de los Reales Consejos y Juez Subdelegado de la Real Única Contribución, de los testigos, Amaro del Villar, vecino de Don Ramiro, Ignacio da Silva, vecino de Moneixas y Ventura de Vilanoba, vecino de Breixa, en presencia de D. Francisco Antonio Varela y Saavedra, Teniente Juez y Justicia Ordinaria y del cura párroco de dicha feligresía, D. Pablo de Verea, de la cual dio fe el escribano Simón de Otero.

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Iglesia parroquial de Moneixas

La feligresía de San Adrián de Moneixas, en  el año 1753, pertenecía a la Jurisdicción de Deza y a la provincia de Lugo. Era de Señorío de la Excelentísima Condesa de Lemos, que percibía de cada vecino cabeza de casa, a excepción de las viudas, un real y diecisiete maravedíes, por Vasallaje y también percibía la Luctuosa, cuando moría algún cabeza de casa, cuyo importe era de  cuarenta reales.

La feligresía tenía de distancia de Levanta a Poniente medio cuarto de una legua y de Norte a Sur otro medio cuarto de una legua y de circunferencia tres cuartos de una legua, que para caminarla se necesitaba una hora. Su demarcación comenzaba en la Fuente de Valiña y seguía a orillas del Camino Real que iba a la Ciudad de Orense y de aquí a la Venta dos Olmos y seguía al Marco de Murazo y de aquí al río de Portofeas y Coto de Medronos y de aquí al Molino das Pedrouzas y al rio del mismo nombre, siguiendo al Agro de Bayuca, al de Cancelo, Pena de Pedrouzo, Penarredonda y hasta llegar de nuevo a la fuente de Valiña. Lindaba por el Levante y Sur con la feligresía de Santiago de Catasos, por el Poniente con la de San Juan de Botos, por el Norte con la de Santa María de Don Ramiro.

La feligresía de San Adrián de Moneixas, estaba compuesta por treinta vecinos, que vivían en treinta casas habitables y además había tres casas en ruinas. Había solamente tres pobres de solemnidad. No había ningún jornalero y cuando sucedía que alguno lo ejercía, ganaba dos reales al día.  En la feligresía había dos clérigos, uno de ellos era  el párroco, D. Pablo de Verea y Aguiar, que realizó grandes reformas en la iglesia parroquial.

Las tierras de la feligresía se dedicaban a la agricultura, dos mil quinientos ferrados a sembrar centeno, nueve ferrados a hortaliza, veintisiete ferrados a prados de regadío, cuarenta y cuatro ferrados a prados de secano, veintisiete ferrados a dehesas, cuatrocientos veinte ferrados a montes bajos cerrados de particulares y ciento treinta ferrados a montes bajos abiertos de particulares.

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Casa rectoral de Moneixas

Los tipos de frutos que se recogían en las tierras cultivadas eran fundamentalmente centeno, mijo menudo y algunas legumbres. El valor anual de la producción, era de un año con otro, de cinco reales un ferrado de trigo, tres reales un ferrado de centeno, dos reales un ferrado de mijo menudo, dos reales un carro de leña, un real un carro de tojos, cuatro reales un par de capones, dos reales una gallina, tres reales un cuartillo de de manteca y un real una libra de lana en bruto.

En  Moneixas, había cinco molinos harineros de una muela, uno de ellos en ruinas  en el lugar de Latandeira que pertenecía a D. Pedro Montenegro, vecino de la feligresía de Santiago de Catasos; otro en el lugar de Regoufe, propiedad de Doña Francisca Leys, vecina de la feligresía de San Pedro da Xesta; otro en el lugar de Penilloas que pertenecía a D. José de Ferradas; otro en el sitio de Portos que era de Bernardo Requeixo y otro también en lugar de Portos que pertenecía a Antonio Gonzales de Moneixiñas.

Para el autoabastecimiento de la feligresía, había  cuatro arrieros: Antonio González el Mozo, que tenía cinco caballerías para ir a por vino al ribero; Blas de Silva, tenía seis caballerías; Domingo de Areán, tenía dos caballos y  Antonio González el Viejo, tenía cinco caballos. Había dos vecinos sastres: Pedro González y Domingo de Presas; dos carpinteros: Francisco da Silva e Ignacio da Silva y un herrero: Manuel de Neira. La miel tenía mucho valor para uso culinario, para obtenerla había diez colmenas que pertenecían a Manuel de Neira y los beneficios que le proporcionaban  cada una de ellas de mil, cera y enjambre, ascendía a cuatro reales al año. Todos ellos compartían su oficio con el de labrador.

Los impuestos que pagaban los vecinos, eran Diezmos y Primicias que se  pagaban al  Cura Párroco y a la Excelentísima Condesa de Lemos y los repartían a la mitad, a excepción del lugar de la Iglesia, que se componía de dos vecinos, estos solo se los pagaban al Cura y el Cura, también,  recibía de cada vecino un ferrado de pan mediado por el impuesto de la Oblata; al Cabildo de la Ciudad de Santiago le pagaban  la tercera parte de un ferrado de centeno por el impuesto de Voto y el Cabildo de la Ciudad de Lugo, también por el Voto, percibía de cada vecino un maravedí. El valor de los Diezmos de la feligresía ascendía a sesenta ferrados de centeno, cuarenta ferrados de mijo menudo, cuarenta reales de Diezmos Menores, cuarenta reales de Primicia, los cuales percibían el Cura Párroco y la Condesa de Lemos, divididos a la mitad; la Oblata ascendía a setenta y cinco reales; el Voto que percibía el Cabildo de Santiago a veintiún reales y el del Cabildo de Lugo un real.

Los únicos impuestos que percibía el común de la feligresía, eran los que pagaba Andrés Gonzales, vecino de la feligresía,  por el arriendo de la única taberna, en la que se vendía vino al pormenor, por la cual pagaba a los vecinos ciento treinta y dos reales de vellón, cada año,  que era la cantidad que los vecinos pagaban en la Ciudad de Lugo, a la Tesorería de Rentas Provinciales de Lugo, por el impuesto de la Sisa, tributo que se pagaba por razón de las cosas vendidas y la cantidad que le quedaba, al tabernero, al año era de cuarenta reales de vellón.

Los vecinos pagaban anualmente cuarenta y ocho reales de vellón, por el Servicio Ordinario y Extraordinario, que presentaban al Juez Subdelegado por comparto que de esta cantidad les hacía la Ciudad de Lugo y el dueño jurisdiccional ponía Juez Ordinario.

En Moneixas, el Rey no tenía propiedades personales, solamente tenía una dehesa en el lugar de la Iglesia, de tres ferrados de sembradura, que lindaba por el Levante, Norte y Sur con el camino público y por el Poniente con el Murado.

Fuente: CATASTRO DE ENSENADA. Pares.mcu.es

Antonio Vidal Neira, Madrid, 27/5/2016

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