PROPIEDADES Y RENTAS DEL CONDE DE LEMOS EN EL LUGAR DE DON RAMIRO, EN EL AÑO 1682

En la feligresía de San Miguel de Bendoiro, el diez de abril de mil seiscientos ochenta y dos años, reunido el jurado formado por el escribano Francisco Gutiérrez,  el Licenciado Don Francisco Pardo de Ulloa, Juez y Justicia Ordinaria en la  Jurisdicción de Lalin y el representante de la Casa de Lemos, el presbítero Antonio Taboada Ulloa, en cumplimiento del Real Despacho de Su Majestad Carlos II y los Señores de su Real Consejo, solicitado por el Conde de Lemos para apear y deslindar todas las tierras que tenía en la Jurisdicción y Mayordomía de Deza y en este caso hacer el apeo del lugar de Don Ramiro, incluso en la feligresía de Santa María de Don Ramiro, de las casas y propiedades contenidas en dicho Memorial de Bienes presentado por parte  del Conde, desde el capitulo quinientos ochenta y tres hasta el seiscientos inclusive; el juez hizo  comparecer a Antonio López, de cuarenta años, labrador y vecino del lugar y feligresía de Don Ramiro,  poseedor en parte del dicho lugar y a los testigos Andrés de Vales, Bartolomé Farán, labradores y vecinos de la dicha feligresía, los cuales bajo juramento, siendo preguntados por las propiedades del Conde de Lemos en dicho lugar de Don Ramiro, dijeron que sabían y conocían que.

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Iglesia de Santa María de Donramiro

Antonio López llevaba y poseía dos casas de fuego con sus corrales y dos hornos y caballerizas de ganado, que  parte de ellas estaba tejada y parte colmatada y entrambas están levantadas y maderadas, sitas a la parte de debajo de la puerta principal de la Iglesia, separadas una de otra casa como dos brazas y en ellas vivían por  orden de Antonio López, como caseros, Antonio de Figueroa y Simón Darriba y se desmarcaban con el camino que iba a la Iglesia y por las espaldas con el  nabal y la eira de Antonio López que llevaba en fuero del Arcediano de Deza y con el mismo nabal demarcan por el fondo y por la cima con el cementerio de la Iglesia.

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PROPIEDADES DEL CONDE DE LEMOS EN EL LUGAR Y DIESTROS DE LA FORTALEZA DE LALÍN EN EL AÑO 1682

A finales del siglo XVII, Doña Ana de Borja y Centelles, Condesa de Lemos y Virreina del Perú, descendiente de San Francisco de Borja,  viuda de  Pedro Antonio Fernández de Castro, X Conde de Lemos, Virrey Gobernador del Perú y Capitán General, como madre tutora y curadora de la persona y bienes de su hijo  Ginés Fernando Ruiz de Castro y Borja, XI Conde de Lemos,  solicitó al Rey Carlos II el apeo y demarcación de todas las tierras, heredades y casas, para poder seguir manteniendo al corriente el pago de la renta, en la Jurisdicción y Mayordomía de Lalín y Deza porque con el paso del tiempo se habían oscurecido sus límites y demarcaciones. El apeo era el mecanismo que servía para la redefinición de las relaciones de explotación y  derechos señoriales.

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Ana de Borja Centelles, Condesa de Lemos

Para apear y deslindar el lugar de Lalin y los diestros de la  Fortaleza y Torre anejos a la Alcaldía, el Rey y los señores del Real y Supremo Consejo de Castilla designaron Juez a D. Francisco Pardo y Ulloa,  escribano a Francisco Gutiérrez y al representante de la Casa de Lemos, el licenciado Alonso Taboada, que se reunieron en la Fortaleza de Lalín y en la feligresía de San Miguel de Bendoiro, para tomar testimonio a los testigos presentados por la Casa Lemos, sobre las regalías que le correspondían o lo que es lo mismo sobre las obligaciones jurisdiccionales de sus vasallos. Sigue leyendo

MANUEL COLMEIRO GUIMARÁS, EL PINTOR DEL “PAISAJE GALLEGO”

Es considerado uno de los grandes protagonistas de la renovación artística gallega que se produce en el primer tercio del siglo XX, junto con Carlos Maside, Arturo Souto, Fernández Mazas o Luis Seoane. Un pintor de fuerte personalidad y conducta intachable, que pintó una Galicia sosegada, dulce, tierna, de un colorido otoñal que unas veces llega al alma y otras al corazón. Sus colores verdes son la expresión más genuina del alma de Galicia.  En su pintura todo es redondo, suave y acogedor. Es el pintor del paisaje gallego que se apoya siempre en lo real no para imitarlo servilmente sino para superarlo, recreándolo según exigencias del espíritu. Pinta, las labores de los campesinos, las romerías, las vacas en los prados, los niños, los oficios artesanos, las vendedoras de pan en la feria de Bandeira. De la obra de Colmeiro ha dicho Rafael Dieste: “Colmeiro, pintor, habla en gallego, que es uno de los modos hondos, leales y verídicos de hablar en español” y Carlos Maxide. “Galicia tiene un pintor, tan suyo, tan representativo en este arte como lo fue, quizás, Rosalía en la lirica”.

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Manuel Colmeiro en su taller de Paris, 1964/Faro de Vigo

Manuel Colmeiro Guimarás, uno de los máximos exponentes de la pintura gallega,  nació en Chapa, ayuntamiento de Silleda, provincia de Pontevedra, el 7 de agosto de 1901, era hijo de Balbino  Colmeiro y María Guimarás. Los primeros años los vivió en el mundo campesino, entre Chapa y San Fiz de Margaride. Cuando tenía nueve años, sus padres emigran a Argentina en busca de un mejor trabajo que el del campo y en 1913, con doce años, viaja a Buenos Aires para reunirse con sus padres. Allí continúa con los estudios primarios  y empieza a dar sus primeros pasos artísticos, haciendo bodegones caseros y asistiendo desde los dieciséis años  a clases nocturnas de dibujo y pintura en la Academia de Bellas Artes,  que compagina con un trabajo en una industria de zapatería. Se integra en las tertulias intelectuales de la época y participa en la creación de la revista “Fuego”, en la que escribe varios artículos. A los veinte años participa en su primera exposición colectiva de arte, con cuadros en los que pinta la naturaleza, el puerto y las calles de Buenos Aires y empieza a interesarse por la literatura y la filosofía. Sigue leyendo