MANUEL COLMEIRO GUIMARÁS, EL PINTOR DEL “PAISAJE GALLEGO”


Es considerado uno de los grandes protagonistas de la renovación artística gallega que se produce en el primer tercio del siglo XX, junto con Carlos Maside, Arturo Souto, Fernández Mazas o Luis Seoane. Un pintor de fuerte personalidad y conducta intachable, que pintó una Galicia sosegada, dulce, tierna, de un colorido otoñal que unas veces llega al alma y otras al corazón. Sus colores verdes son la expresión más genuina del alma de Galicia.  En su pintura todo es redondo, suave y acogedor. Es el pintor del paisaje gallego que se apoya siempre en lo real no para imitarlo servilmente sino para superarlo, recreándolo según exigencias del espíritu. Pinta, las labores de los campesinos, las romerías, las vacas en los prados, los niños, los oficios artesanos, las vendedoras de pan en la feria de Bandeira. De la obra de Colmeiro ha dicho Rafael Dieste: “Colmeiro, pintor, habla en gallego, que es uno de los modos hondos, leales y verídicos de hablar en español” y Carlos Maxide. “Galicia tiene un pintor, tan suyo, tan representativo en este arte como lo fue, quizás, Rosalía en la lirica”.

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Manuel Colmeiro en su taller de Paris, 1964/Faro de Vigo

Manuel Colmeiro Guimarás, uno de los máximos exponentes de la pintura gallega,  nació en Chapa, ayuntamiento de Silleda, provincia de Pontevedra, el 7 de agosto de 1901, era hijo de Balbino  Colmeiro y María Guimarás. Los primeros años los vivió en el mundo campesino, entre Chapa y San Fiz de Margaride. Cuando tenía nueve años, sus padres emigran a Argentina en busca de un mejor trabajo que el del campo y en 1913, con doce años, viaja a Buenos Aires para reunirse con sus padres. Allí continúa con los estudios primarios  y empieza a dar sus primeros pasos artísticos, haciendo bodegones caseros y asistiendo desde los dieciséis años  a clases nocturnas de dibujo y pintura en la Academia de Bellas Artes,  que compagina con un trabajo en una industria de zapatería. Se integra en las tertulias intelectuales de la época y participa en la creación de la revista “Fuego”, en la que escribe varios artículos. A los veinte años participa en su primera exposición colectiva de arte, con cuadros en los que pinta la naturaleza, el puerto y las calles de Buenos Aires y empieza a interesarse por la literatura y la filosofía.

Cuando cumplió los veinticinco años regresa a España aquejado de una grave enfermedad y se instala en la que va ser su residencia más permanente en Galicia, San Fiz de Margaride, donde nuevamente el campo y la pintura vuelven a unirse, centrándose en el estudio del ambiente campesino. En 1928, obtiene una beca de la Diputación de Pontevedra, asesorada por Castelao, que le permite viajar a Madrid para asistir a la Academia de San Fernando aunque él prefiere formarse por libre y visitar el Prado  y este mismo año,  realiza su primera exposición individual en los salones del “Faro de Vigo”. Posteriormente viajó Barcelona, donde  estableció importantes relaciones con pintores, escultores e intelectuales catalanes, sin perder la relación con las gentes del arte y de la cultura gallega como Otero Pedrayo, Valle Inclán, Vicente Risco, Castelao, etc. A pesar del ambiente muy politizado, nunca militó en ningún partido. Estos años viajo frecuentemente a Holanda para estudiar a fondo a Rembrandt. Goya, Velázquez y los holandeses se convirtieron en sus referencias preferidas.

En 1929, se casa  con Emilia González, con quien tiene tres hijos y reside periódicamente en San Fiz de Margaride y en Vigo, desplazándose con frecuencia a Santiago y Pontevedra, donde participa en las tertulias de la época. Se interesa por las iconografías del mundo rural y de la antropología gallega: el paisaje, el bodegón, la temática social, la mitología, las maternidades, la etnografía y la antropología. Comienza a investigar en el campo de la abstracción, la pintura mural y el simbolismo.

Durante la República, se relaciona con los artistas renovadores de la pintura gallega, conocidos como los “Novos” o los “Renovadores”: Fernández Mazas, Eiroa, Maside, Laxeiro, Souto, etc. Galicia, en esos momentos,  estaba recogiendo los frutos de las “Irmandades da Fala” fundadas por Vilar Ponte y del grupo “Nos” y es la época de  la gran labor del “Seminarios de Estudios Galegos”, que se desplazaron a Deza para estudiarla y plasmar sus estudios en un libro que por desgracia desapareció y nos está privando de una importante fuente de información sobre nuestra tierra.

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La siega. 1935

En 1936, a los cinco meses de comenzar la Guerra Civil española, su compromiso político con el nacionalismo gallego le lleva al exilio en  Buenos Aires, donde se encuentra con sus padres y de nuevo comienza a intensifica su labor artística realizando también obras murales como las del famoso “Pasaje Florida”, expone en Montevideo, Buenos Aires y Brasil, realiza muchos dibujos e ilustra libros. Se relaciona con Luis Seoane, Lorenzo Varela, Rafael Dieste, Alberti, Alejandro Casona y otros. Durante esta época su pintura se centra en el recuerdo de Galicia y en la guerra, pinta maternidades, escenas familiares, interpretaciones simbólicas, etc. Rafael Dieste publica la primera monografía sobre Colmeiro “Breve discurso acerca de pintura, con el ejemplo de un pintor”.

En 1948, sintió la necesidad de volver a Europa y se afincó en Paris, alternando esta ciudad con su estudio de Vigo y con su casa de San Fiz de  Margaride, cada vez con visitas más frecuentes a estos últimos lugares. Expone en Paris, Londres, Lisboa, Vigo, Madrid, donde se vincula a la galería madrileña Biosca y los estudiosos del arte lo incluyen en “Los pintores españoles de la Escuela de Paris”, donde figuran artistas tan importantes como Gris, Picasso, uno de sus mejores amigos, Gargallo, Miró, etc.

En 1982, se le concede el Pedrón de Ouro, y al año siguiente la Xunta de Galicia en unión con el ministerio de Cultura, organizaron una “Muestra Antológica”, en el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid, muestra que después viajó por distintas ciudades del país y así pudo apreciarse mejor su obra en toda España. En 1986, se le concedió el Premio de las Artes de la Xunta y el premio “Celanova, casa dos poetas” y se le dedicó una exposición en la Bienal de Arte de Pontevedra.

Un antecedente en la pintura de Colmeiro, fue Cezanne con el que se identifica plenamente en el geometrismo del paisaje y la figura, añadiéndole una visión humilde de campesino de Silleda,  en la feria, en el trabajo del campo,  en la romería, con el pan, el sacho o con la santiña, en una atmosfera difuminadora de las líneas y conformadora de volúmenes que trasmite esencialmente la quietud y el silencio de la montaña gallega. Colmeiro, decía: “El Arte es ante todo una relación profunda del hombre con la vida”. La vida de Colmeiro en Buenos Aires o Paris se traducía en campesinos, prados y panes de su tierra, en su vida de ciudad supo mantener la memoria profunda y ensoñadora de su ser campesino.

Manuel Colmeiro Guimarás, uno de los máximos exponentes de la pintura gallega, falleció en octubre de 1999 a los 98 años de edad en su residencia de Salvaterra do Mino (Pontevedra) y fue enterrado en su parroquia natal San Fiz de Margaride en la más estricta intimidad. En su tumba reza la inscripción “Pinté y amé a mi pueblo”. Sobre su figura se publicaron números estudios y monografías y su obra cuelga en varios museos españoles y extranjeros.

Antonio Vidal Neira, Madrid, 12/08/2016

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