D. RAMÓN OTERO PEDRAYO Y LA TIERRA DE DEZA


D. Ramón Otero Pedrayo//FdeV

El intelectual, escritor y político  Ramón Otero Pedrayo, nació en Orense, el 5 de marzo de 1888 y falleció en su pazo de Trasalba, Amoeiro, Orense, el 10 de abril de 1976. Patriarca de las letras gallegas, perteneció al grupo Nós, es uno de los escritores gallegos más importante,  bilingüe en gallego y castellano. Trabajó distintos géneros: ensayos, novela, poesía y estudios científicos geográficos. Fue catedrático en la Universidad de Santiago de Compostela. En la Guía de Galicia, que él dirigió, hace importantes aportaciones de la Tierra de Deza. Militante del Partido Gallegista y diputado en las Cortes de la Segunda República.

Como columnista de prensa, a petición del periódico LA NOCHE, escribió el articulo “ALTA LUZ, claro verdecer de Deza”, para ser publicado en el suplemento dedicado a la villa de Lalín, con motivo de las Fiestas Patronales del año 1957, pero por extravió, fue enviado desde Santander,   se publicó  el 28 de septiembre.

Este artículo pone de manifiesto el profundo conocimiento que D. Ramón  tenía de la Tierra de Deza, que recorrió en varias campañas con el Seminario de Estudios Gallegos y por las que pasaba frecuentemente en sus viajes entre Orense y  Santiago y en Lalin siempre hacía un breve descanso.  En 1930 dio una conferencia en la tribuna del Casino de Lalín, sobre la Historia de Galicia. Estuvo presente en el homenaje que el pueblo de Lalín le hizo a D. Ramón Aller, el 4 de septiembre de 1960.

La prosa con la que está escrito el artículo es de una gran exuberancia barroca, de un gran poder evocativo y de un apasionamiento romántico, expresado con sutileza y concisión. Hace una descripción del paisaje de Deza y del Ribeiro lleno de evocaciones históricas e interpretaciones culturales. Recuerda a los ancestrales arrieros dezanos que traían el vino del Ribeiro a la Tierra de Deza, a través del  señor  Lucas de Deza, amigo de la familia, que tenía unas viñas con casa, lagar y bodega en la Coba da Serpe en Santa Cruz de Arrabaldo, cuesta soleada de buen blanco de Treixadura.

ALTA LUZ, claro verdecer de Deza

Por RAMÓN OTERO PEDRAYO

OTERO PEDRAYO 175Desde muy niño, desde mi casa de la “bocarribeira” orensana, mi anhelo, y mi mirar buscan cada mañana los rumbos del norte. A mi puerta el camino que de lejos llega cuenta muchas cosas de las altas tierras de tempranos otoños y el acento de las mozas graves y niño de fuente y de brote.

En el horizonte la Sierra Martiña se afirma en dignidad de viento, invierno y vuelos de torcaces. En Galicia la institución matriarcal se mantiene en los hogares y en las montañas. Cede para mí en interés al confín de los altos de formas dudosas del Reino, de Dozón,  por donde arrieros, hidalgos y priores buscaban la primera salutación del Pico Sacro, las aguas fluyentes del Ulla y aquel perfume de hogueras patriarcales que mejoran el vino del Ribeiro, en la tierra de Deza.

De ella se hablaba en mi hogar. Eran celebrados sus exactos y metódicos segadores, sus profundos robles y linajes, su heno fino y aromático, regalía de los ganados en el largo sueño invernal… En la perspectiva histórica o caracterológica, lo mismo que en las reacciones y vivencias diarias no se puede entender  Galicia sin el contraste y armonía de la montaña y la ribera.

La montaña es sin duda introvertida. Su grandeza es invernal. Su dimensión tiende a la poesía metafísica. Gusta del pan sano del arcaísmo y de las flores del yermo. La ribera más bien extravertida novelera, prefiere la pereza y tentación del otoño. Es geórgica y quema su entusiasmo en nuevas, y lumbres chisporroteantes de sarmientos. Si no Esparta y Atenas, ni tampoco el Alpe y Toscana pueden descubrirse una pureza dórica en el arte de portar los haces de leña las mujeres de Deza y solo falta el artista que sepa componer el friso jónico de las vendimiadoras de Santa Cruz de Arrabello, de Leiro o Cabanelas.

Entre Dozón y el Miño, los caminos madrugaban al encuentro de las estaciones. Muy pronto subían las recuas de pellejos de vino y descendían los carros de hierba y los de leña y pan. Toda  la mitología del pan y el vino, todo el expresionismo de la gaita tumbal y la gaita grileira pueden revivirse en cualquiera de los caminos que suben a repelo de las aguas para buscar las sometidas a la llamada del Ulla.

Con emoción llegué aún adolescente, a Lalín. Me quedó una impresión de mañana, de elegante serenidad disciplinada en el viento, en los horizontes y el recuerdo vivo del alentar del Otoño en los claustros renovados y epilogales de las grandes robledas.

Muchas veces en el año, en todas las estaciones, pero sobre todo en la reveladora del invierno, cruzo de mañana o ya en el introito de las horas de la noche la tierra de Deza y en Lalín el breve descanso nunca defraudado la esperanza y gusto de lo auténticamente gallego que me anima. Lo labriego de honda raíz se combina con un aire de caminos llegando gustosos de todos los rumbos. No se pierde lo limpio e hidalgo del trato, ni el ritmo antiguo se deja perturbar por la imitación. Dispone Lalín de una rica y fuerte proyección en la Galicia emigrante. Estiman y afirman como noble herencia las gentes de Deza las cualidades humanas y gallegas. Las aprendieron en el rudo y hermoso trabajo de las agras, en las jornadas venatorias, en la noche propicia a la charla, el recuerdo, el proyecto. Envuelta en verdes y graciosas parroquias aldeanas, sus raíces, sus testimonios, Lalín sabe aprovechar la invitación de la noche que no se ha hecho solamente para dormir o ahorrar esfuerzo. Un autor, amigo mío un tanto errabundo y fantástico, se refería a la señorial gente de Deza en las rituales horas de feria:

 “Don Ramiro, Don Seón e Don Freán

andan juntos por a feira de Lalín.

 Don Ramiro, Don Seón e Don Freán

toman jarra de aguardente na mañan”

La noche de Lalín y de Deza queda inmortalizada por los desvelos apasionados y poéticamente metódicos de sus grandes astrónomos: Rodríguez, espíritu del XVIII y D. Ramón Aller, un nuestro Padre de la Iglesia del Cosmos digno de ser representado en el pórtico de una gloria gallega siempre abierta al porvenir.

Sin duda el cielo cupular, el consejo de las montañas, la predilección de los luceros por los bosques invernales, contribuyeron a la dedicación de los astrónomos y matemáticos de de Deza —el más joven el Dr. Vidal Abascal al cálculo estelar compone sus estrofas alrededor de las Sigeas y las Ifigemas del cielo— y el particular lucir de la Galaxia respondiendo quizá a la vocación compostelana de don Ramón Aller.

Ante las matemáticas quedan muy lejos aquellos Decíos romanos de perfil de medallas, quienes según los fantásticos cronicones de frailes barrocos como las empanadas fueron los primeros en someter a vasallaje de lino, centeno, castaños y jamones a los bravos e hirsutos aborígenes.

Nada —o poco— tan grato a  mi corazón y pluma como divagar como en conversación de amigos sobre la tierra de Deza y el ágora de Lalín. El espacio vital del articulista tiene sus limitaciones. Concluiré con una historia. Tal vez, casi seguramente, la contaré mal. Escribo lejos de Galicia. Faltan los amados y silentes fantasmas que en nuestra tierra llegan a mirar las cuartillas por encima del hombro y a veces, si nos ausentamos un momento, las corrigen.

Había en mis niñeces decimonónicas un señor Lucas de Deza que tenía unas viñas con casa, lagar y bodega en la Coba da Serpe en Santa Cruz de Arrabaldo, cuesta soleada de buen blanco de Treixadura. Cabalgando en mula de consejo, con su calzón corto —uno de los pocos que he visto en gente antigua gallega— su sombrero de cintas, pasaba por mi aldea para la vendimia en finales de Septiembre, para la resaca por el San Martín cuando las cubas hierven. Me impresionaba verle subir, en las tardes de lluvia y hojas secas arremolinadas por el viento, llevando tras de su mula otras en reata con los pellejos del vino que animaba y confortaba su largo invierno. Era amigo de casa. Casi no hablaba. Se detenía un momento. Bebía unos tragos en la cocina, saludaba con la antigua ceremonia de los campesinos y volvía al camino para dormir en Cea.

Muchos años así. Yo de estudiante, y aun después contaba la llegada y curva decisiva del otoño por el pasar del viejo oficiante de los caminos. Se sucedían con el ritmo entre vegetal y cósmico de la cronología aldeana       las generaciones. Las nuevas ya no conocían al viejo. Se extrañaban de su porte antiguo y noble. Tenía el perfil cada vez más agudo y la llama del hogar le descubría una sombra cada vez más ingrávida, como de nube, de ala, de recuerdo.

Pronto le olvidamos. Se ahondaron un poco los cauces de la montaña. Murieron en lentos y tristes otoños las últimas capas de la vieja casta. Ya Deza y la montaña no podrían disfrutar del gusto poderoso y sutil de los genuinos vinos de la Ribera. En la Coba da Serpe un “pandiñeiro” envuelto en capciosa lujuria de laureles y hiedras, una ruina de viña, casi no recuerdan los buenos tiempos del señor Lucas el “dezán” de los calzones azules y el fino perfil de luna menguante en aguas de misterio.

Soy más viejo que el tío Lucas al excitar el comentario de las llamas de la “lareira” de mi casa. Casi hace un tercio de siglo que no piso el camino da Coba da Serpe. El ultimo otoño después de San Martín, ya con creciente marca de sombra, dejé la carretera y al aventurarme por el olvidado camino vivía unos instantes en la fina melancolía de mi adolescencia.

Solo por unos momentos, en una revuelta, entre altos muros por el camino ya rendido a la noche, un viejo con el perfil extremadamente agudizado del señor Lucas subía trabajosamente. Sin mula ni recua. ¿Qué llevaría de su yerma ribeira al hombro? Tal vez un saco de hojas secas, para calentar los muertos a su fuego.

Volví como pude a la carretera. Mandaré decir una Misa. Y encenderé cada San Martín un fuego de sarmientos.

Santander, Septiembre 1957

FUENTE: La Noche. Año XXXVII. Numero 11397. 1957 septiembre 28 (28/09/1957)

Antonio Vidal Neira. Lalín, 09/10/2017

Anuncios

Un pensamiento en “D. RAMÓN OTERO PEDRAYO Y LA TIERRA DE DEZA

  1. Pingback: #Lalínuninteriorúnico mis retazos - El Blog de Galicia Máxica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s