MONASTERIO DE SAN LORENZO DE CARBOEIRO


Una joya del Arte Románico gallego, notable por su antigüedad, por su historia y por su iglesia. Un lugar de poesía y ensueño.

Monasterio de Carboeiro/AVN

Monasterio de Carboeiro/AVN

Interior del Monasterio de Carboeiro/AVN

Interior del Monasterio de Carboeiro/AVN

Un visitante, en el año 1920, describe el estado ruinoso en que se encontraba Carboeiro: “Cuando columbramos el poético monasterio de Carboeiro, en ruinas ¡Fue una visión soberbia de la Galicia medieval! Arcos rotos, columnas mutiladas, capiteles en pedazos, bóvedas medio derruidas, rosetones y ventanas destrozadas, imágenes que rodaron al suelo sacrílegamente, todo caótico, desmoronado, cubierto de yedra y maleza, musgo, líquenes y zarzales, en un abandono lamentable ..

¡Gloriosas ruinas de un pasado prócer, de un pretérito prestigioso, yacen en el polvo secular de aquella meseta, especie de castro a cuyo pie, casi circundándolo, aprisionándolo como un anillo, corre el rio Deza como salmodiando ante las legendarias ruinas las doloridas estrofas de un réquiem funeral!…”.  Hoy gracias a la ayudas de la Administración  está prácticamente restaurado, salvado de la desaparición.

Fachada exterior del abside

Exterior del abside de la Iglesia

El Monasterio de Carboeiro o Carbonario, como figura en los textos medievales, ya que  la vegetación forestal de este lugar era utilizada desde tiempos antiguos para la elaboración de carbón vegetal y de esa actividad tomó el nombre el monasterio; es continuación del culto que al mártir y diacono San Lorenzo, venían dando en aquel lugar las gentes de la tierra, en una ermita allí existente,  que dirigía el ermitaño –y seguramente sacerdote- Egica. Fue éste precisamente quien vendió los derechos sobre la capilla y las granjerías circundantes, a los condes don Gonzalo y doña Teresa,  que iban a ser los fundadores del Monasterio benedictino, según datos que constan en una escritura conservada en el archivo de San Martín Pinario en Santiago de Compostela. El monasterio pronto reunió un gran número de monjes, entre los que figuraban varios ermitaños que vivían en el contorno de la comarca regada por el río Deza.

Fachada lateral de la Iglesia de Carboeiro

Fachada lateral de la Iglesia de Carboeiro

El monasterio benedictino sobresale de en medio de un frondoso y bello paisaje. La ubicación es excepcional, es un lugar lleno de poesía y encanto. Ya se hizo eco de ello el P. Yepes, quien nos habla de que el solar sobre el que se edificó es una especie de pequeña península: “como un istmo”, que forma el río en las volfrámicas tierras del partido de Lalín,  bajo el monte Costoya, concretamente en el lugar denominado Retorta; cerca de un coto minero que “fue un pequeño mundo de aventureros, buscadores de wólfram, caballeros de industria y señores del hampa”.

Aunque no hay acuerdo entre los historiadores, parece que puede datarse la fundación del monasterio en el año 926, en el que ya se escritura una donación a favor del mismo, si bien las obras continuaron durante mucho tiempo y la comunidad fue asentándose poco a poco, a medida que lo permitía la edificación a ella destinada.

Tímpano de la puerta de la fachada de la Iglesia de Carboeiro

Tímpano de la puerta de la fachada de la Iglesia de Carboeiro

Los fundadores fueron el conde de Deza don Gonzalo Betótez y su esposa doña Teresa Eiriz, a los que animaba, además del deseo de tener allí a un grupo de monjes para dar culto a Dios y cristianizar la comarca, el afán de que los discípulos de San Benito se convirtieran en instructores de los vecinos en las labores agrícolas, con lo que las propiedades de los fundadores iban a ser más rentables. Los fundadores fueron padres de la reina Doña Aragonta, esposa de Ordoño II y abuelos de Doña Elvira, esposa del rey Ordoño III.  La reina gallega Doña Aragonta y el rey Don Bermudo lo ampararon y engrandecieron.

Interior de la Iglesia de Carboeiro/AVN

Interior de la Iglesia de Carboeiro/AVN

El primer abad conocido fue el presbítero Félix, que ya firma un documento en el año 936 como tal abad. En su tiempo se consagró solemnemente la iglesia monacal, oficiando en la ceremonia el obispo Ero de Lugo, con asistencia del abad de Celanova San Rosendo, sobrino de los fundadores, dimisionario de la diócesis de Mondoñedo y retirado en el convento orensano. Se dedicó la iglesia al diacono San Lorenzo y en los altares se colocaron reliquias del militar Hipólito, convertido por el testimonio de Lorenzo, San Pelayo, San Vicente, San Martin, Santa Basilisa, San Julián, Santos Juan Bautista y Evangelista, Santo Tomas y San Benito, así como una espina de la corona de Cristo. La condesa Teresa, no satisfecha con lo hecho se dirigió personalmente en compañía del Obispo Ero a León, residencia del rey Ramiro II y le rogó que tomara bajo su protección el convento de Carboeiro. El rey Ramiro II atendió las suplicas de la condesa, protegió el monasterio y no permitió sobre el mismo mas jurisdicción que la de los reyes de León, de manera que adquirió gran prosperidad y engrandecimiento durante la primera mitad del siglo X.

Puerta lateral

Puerta lateral de la Iglesia

El Monasterio, vivió prósperamente, durante muchos años, gracias a los numerosos bienes que habían dejado los fallecidos Condes. La familia del conde Gonzalo fue favorecedora de la vida monacal; un hijo, Pedro González, fundó el monasterio de San Lorenzo de Nogueira en Meis y  Doña Aragonta, repudiada por su esposo, Ordoño II, fundó el monasterio de Salceda de Cáselas, al que se retiró, junto con su madre, Doña Teresa, la fundadora de Carboeiro.

Restos de policromía en una de las capillas del abside de Carboeiro/AVN

Restos de policromía en una de las capillas del abside de Carboeiro/AVN

No tardó mucho en haber problemas en la comunidad, provocados precisamente por las disensiones entre los monjes descendientes de los fundadores. Capitaneaban las facciones dos monjes llamados Arias Pelagiz y Alfonso Bermúdez, lo que trajo consigo la relajación de la vida monástica, aumentaron las quejas y los desordenes, pero todo terminó cuando, en el año 997, Almanzor destruyó el primitivo monasterio y su iglesia ya abandonados por los monjes.

Dos años más tarde el rey, Bermudo II, a instancias del Conde Pelayo González, hijo de los fundadores, trató de reconstruir el derruido Monasterio y devolver e instaurar la vida monacal, con lo que dejó de estar en manos condales y pasó a gozar de la protección real, declarándolo exento de todo tributo y no sujeto a nadie sino a Dios, según consta de la publicación de un privilegio otorgado en los últimos años del siglo X. El monarca se valió en este caso de la ayuda del obispo San Pedro de Mezonzo, que será quien consagre la iglesia del nuevo cenobio en el año 999. De la reinstauración de la vida religiosa se encargan  los monjes Estrarico y Trasuario, con los que colabora el presbítero Anscario. Transuario sería el nuevo Abad, alcanzando el monasterio su mayor prosperidad en el siglo XII, merced a la protección que le dispensaron los Condes Don Ramón y doña Urraca.

Monasterio de Carboeiro

Monasterio de Carboeiro

El monasterio estaba respaldado económicamente por tierras en tres lugares de la región gallega: unas cercanas, situadas preferentemente en Carbia, Piloño, Trasdeza y Tabeirós; otras, en la comarca del Salnés; las terceras, en la provincia de Orense, en la confluencia de los ríos Avia y Sil.

Con el abad Munio, en el año 1069, comienza el monasterio de Carboeiro su mejor tiempo histórico. Es a partir de este Abad, cuando se conocen más documentos, señal no sólo del cuidado de conservarlos, sino también del crédito que merece el Monasterio y del favor que le otorgan los nobles, traducido en donaciones.

Otro abad en esta época dorada de Carboeiro fue Alfonso, que ya está en el ejercicio de su mandato en el año 1102. En el 1105 firman Alfonso, don Raimundo de Borgoña y doña Urraca, padres de Alfonso VII, un documento por el que se otorga al monasterio de Carboeiro los lugares de “Rubinos” y “Suburedo”, que son, evidentemente, las actuales parroquias de Rubín y Sabucedo, en la comarca de La Estrada. Por cierto que en 1210 tendrán que pleitear los monjes de Carboeiro, de habito negro, con los cistercienses de Acibeiro, por la posesión de Sabucedo, fallando el pleito el arzobispo compostelano Don Pedro Muñiz. Fueron los monjes de Carboeiro, los que levantaron la ermita de San Lorenzo de Sabucedo, y ya en aquel entonces se discutía sobre la posesión de los caballos salvajes.

Antiguo camino que conduce al Monasterio

Antiguo camino que conduce al Monasterio

Los mejores tiempos de Carboeiro son, sin duda alguna, los del abad Don Froila, que ya ejercía como tal abad en el año 1131, cuando firma la recepción del legado que hace al Monasterio Nuño Crescóniz, junto con su esposa e hijos. Cuatro años después, en 1135, pacta con Pelayo Martínez y la esposa de éste, Gontroda Suárez, el usufructo, de por vida, de las tierras ubicadas en la parroquia de San Miguel de Bendoiro. Estas donaciones no son sino el comienzo de una serie abundante de ellas, que aumentarán considerablemente el capital del Monasterio. El rey Alfonso VII, el hijo de Raimundo de Borgoña y de Urraca, exime al Monasterio de todo pedido real, lo mismo que a sus heredades, anejos e iglesias. Más tarde, en 1144, cambiaría, de acuerdo con sus hijos Sancho y Fernando, al Monasterio unas heredades en el coto de Merza.

El abad don Froila fue quien tomó la determinación de hacer una nueva iglesia, movido por dos razones fundamentales: primero, el crecimiento del cenobio; en segundo lugar, el deseo de ajustarse a la reforma que venía protagonizando Cluny, cuya influencia en España, es notoria a partir de aquel momento. Una inscripción, que todavía se conserva, dice que el Abad Froila construyó la obra el 1 de julio de 1148. Traducida la inscripción latina, dice: “En la era ICXXXVI en las Kalendas de Agosto, en el nombre del Señor Nuestro Jesucristo el abad Froila hizo esta casa en compañía de la comunidad de sus hermanos”

Fachada principal de la Iglesia

Fachada principal de la Iglesia

El tiempo de relieve histórico de Carboeiro se cierra con el abad Fernando, antes monje del monasterio que luego iba a gobernar. También bajo su régimen son muchas las donaciones y entre los donantes se encuentra él mismo, que entrega las tierras dejadas por su madre en el lugar de Caneixa. Fernando II, en 1164, declara a Carboeiro libre de todo pecho y pedido. Pero el hecho de mayor gloria de este abad fue la reanudación y terminación de las obras para poder abrir la iglesia al culto, en la que trabajaron los mejores maestros en la talla de la piedra salidos de la escuela del autor compostelano del Pórtico de la Gloria, el maestro Mateo, la más perfecta expresión del alma gallega. La consagración se llevó a cabo por el abad Fernando.  A ello se refería una inscripción de junio de 1171, que traducida del latín dice: “Era ICCVIII, en las Kalendas de julio, fundó este templo el abad Fernando con la comunidad de sus monjes”. En el pavimento de la Iglesia en una gran losa sepulcral cerca del presbiterio, había otra inscripción en latín, cuya traducción es: “En este túmulo yace el venerable abad Fernando. Los reyes, los magnates, los próceres y poderosos del reino son testigos de la pureza de sus costumbres y lo aclaman bienaventurado. Fue ilustre, magnánimo y siempre amigo de la probidad. Goce en paz Fernando en la morada del cielo. Año 1192”.

En los siglos XIV y XV apenas se habla de Carboeiro. El último Abad de Carboeiro como cenobio independiente, inmediatamente antes de la Reforma Benedictina, es Fr. Manuel Sánchez, que fallece en 1493. En tiempo de los Reyes Católicos, por Bula del Papa Alejandro IV, en el año 1500, se da por buena la anexión que se había llevado a cabo el 13 de julio de 1494, del monasterio de Carboeiro al de San Martín Pinario de Santiago de Compostela, siendo abad Fray García Astudilo. De este modo, Carboeiro quedó convertido en un Priorato, gobernado por un Prior y con una reducida comunidad de monjes, encargados de administrar los Sacramentos a los fieles que vivían en los lugares inmediatos al Monasterio y al mismo tiempo atendían la hacienda que pertenecía a los monjes. Carboeiro a partir de este momento no fue más que una granja al servicio de San Martín de Santiago, ascendiendo la renta que recibían los compostelano a 120 mil reales cada cuatro años.

Abside de la Iglesia

Absides de la Iglesia

Con la Desamortización de Mendizábal en 1835,  los monjes abandonaron Carboeiro y sus bienes fueron vendidos, al mismo tiempo que la iglesia quedó cerrada para el culto, comenzando el expolio de todo lo que allí había, sin respetar, columnas, capiteles, tímpanos, rosetones, tejados, en fin, todo lo transportable en carros del país. Durante varios años parte de las dependencias monacales estuvieron ocupadas por una familia de aquel contorno y durante el auge de la explotación del Wólfram, las ruinas de Carboeiro fueron el lugar preferido para el ocultamiento de lo que se sacaba para las ventas de contrabando.

Columnas y capiteles del Abside de Carboeiro/AVN

Columnas y capiteles del Abside de Carboeiro/AVN

Carboeiro, sigue siendo uno de los monasterios románico-ojival más importante de Galicia. La iglesia tiene planta de cruz latina, con tres naves en el brazo mayor y una formando el crucero y el volteo de la girola alrededor de la capilla mayor. Hay dos capillas semicirculares en el crucero.  Comunicando con la girola, tres capillas absidales, haciendo el total de cinco. El estilo es el románico monástico y la iglesia, como dice Lucas Álvarez, es la pieza más perfecta del románico en Galicia. En la cripta que está debajo del altar mayor hay tres capillas que se corresponden con las tres del ábside.  Las dos plantas del templo se comunican por dos escaleras de caracol, construidas por el interior de los muros.

En la portada, de influencia netamente compostelana, con columnas acodilladas sobre las que se asientan arquivoltas semicirculares, destaca en el tímpano la efigie del Salvador, flanqueada por los símbolos de los cuatro evangelistas. En una de las arquivoltas se representa a los veinticuatro ancianos músicos  del Apocalipsis, como en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago. También son interesantes las puertas laterales y las ventanas abiertas en los muros, concebidas con arcos de medio punto sobre columnas con capiteles de variada ornamentación, así como los tres rosetones.

Es lo que queda hoy de una edificación que en el año 1320 albergaba a cuarenta monjes y casi el mismo número de personas empleadas para los trabajos de las tierras que circundaban al Monasterio.

Desde 1974 se han realizado obras de limpieza, consolidación y restauración. En el verano de 2006 se inician las visitas a pesar de las obras. En la actualidad está abierto al público y la restauración llevada a cabo nos acerca a la grandiosidad y magnificencia de este monasterio.

Bibliografía:
– Artículo de D. Jesús Precedo. Archivo Nicolás Alvarellos
– Archivo Histórico Nacional

Antonio Vidal Neira. Lalín, 8/12/2014

Publicado en Faro de Vigo, 18/1/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s